| <<- Indice relatos | Culeando con mi prima Ana. |
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Era un día tranquilo, yo estaba en mi piso jugando en el ordenador, de pronto sonó el timbre, yo me levanté y me dirigí hacia la puerta para contestar al telefonillo. -Diga. Contestó una voz muy delicada y dulce. - Soy yo Ana. Era mi prima pequeña de 20 años, una adolescente de pelo rojo como el fuego y rizado, igual que el mar enfurecido, sus ojos verdes intensos que atraían hasta el hombre más cabal, su cuerpecito dulce, tierno suave, sus curvas provocativas acariciadas por aquel vestido blanco que dejaba entrever su lindo pubis, con una piel blanca pura, sin pecas sus labios carnosos. Sube ahora te abro. Voy. Mientras subía por las escaleras yo arrimé mis ojos al visor para ver cuando llegaba a la entrada y abrirla, al mismo tiempo escuchaba sus pasos por el pasillo y la escalera. Cuando llegó abrí la puerta de sopetón para intentar asustarla. Buuu. Ahaha, jó tío como te pasas. Jajaja, tranqui que soy yo. La dejé entrar sin más sustos, que muchacha más hermosa pensé. ¿Que tal estás? Bien ¿y tú? Bueno como siempre, ya sabes aburrido en lo mío. ¿Cómo que has venido? Nada pasaba por aquí y he subido a verte a ver que tal estabas, que hacía ya tiempo que no nos veíamos y como nunca llamas ni para decir que estás vivo. Y es que yo hacía ya un año que me había pirado de casa y me había trasladado de mi pueblo a la capital de la comarca, San Antonio, donde vivían mis tíos. Había encontrado un pisito no muy grande pero sí acogedor y no muy lejano del centro. Bueno pero no te enfadas ¿verdad? No te preocupes, si yo te entiendo, ya me gustaría estar en tu situación, yo tampoco dejaría que mi madre invadiera mi casa con lo pesada que resulta algunas veces. No estarías preocupada por mi jajaja. Tonto que estás tonto, la próxima vez no subo y te dan. Era una broma no te pongas así, ven pasa al salón que hablaremos un rato y te daré el CD que me pediste la última vez. Ella se dirigió hacia el salón, cuando llegó se sentó en el sillón cruzando lentamente sus piernas.Yo por el contrario me fui a la cocina a por unos refrescos. Me senté enfrente de ella dándole una coca cola al mismo tiempo. Bueno dime que tal tus padres y de novios que tal andas. Mis padres están bien, me han dado recuerdo para ti. Y de novios no me preguntes que estoy harta de los tíos son todos unos infelices unos verdaderos críos. Bueno no será para tanto. Mientras hablábamos a mi de vez en cuando se me iba la mirada hacia sus pechos, los tenía tan redondos sus pezones a través del vestido, parecían tan duros que no podía resistir mucho la tentación de mirarlos o si no fuera mi prima le tiraría los tejos. En un momento de descuido ella se dio cuenta y no sé que es lo que pensaría pero cada vez más me los ponía más a la vista, mi pene empezaba a erguirse como una seta. Ella se dio cuenta y desvió su mirada a mi sexo, nos callamos un momento, yo no podía pensar en nada más que acariciarle los pechos, lamerle el seno, tocarla, hacerle el amor, ella cada vez más roja por el ardiente calor que tenía, se empezó a desabrochar la blusa, yo intentando reprimir mis instintos tomaba la coca cola muy deprisa, de pronto ella se abalanzó sobre mi, besando, acariciando mi pene que estaba a punto de reventar, mi mano, en un intento de apartarla con un empujón, tocó sus pezones, estaban tan duros que al mismo tiempo de sentirlos mis instintos afloraron y ganaron la batalla a mi cordura. Empecé a acariciar sus duros pechos mordiendo dulcemente sus pezones, ella gemía de placer mientras yo gozaba con sus gemidos y sus caricias en mi pene, no aguantábamos más y nos desnudamos esparciendo la ropa por todo el salón, la eché sobre el sofá y besándola en su vientre, empecé a bajar mi cabeza en dirección a su sexo, pero en vez de chuparle su rojizo coño le chupé su entrepierna, su excitación hizo que sus gemidos se convirtieran en gritos de placer hasta que penetré con mi lengua en su coño rojizo sonrosado y caldoso por la excitación del momento. Gemido tras gemido ella me volteó y se puso encima mío lamiéndome hasta llegar a mis huevos acariciándolos y lamiéndolos, solté un gemido de placer, mi estómago se estremecía por sus lamidos, empezó a chuparme mi polla, parecía que no le iba a caber en su pequeña boca pero que coño como la chupaba, ¿donde habría aprendido a chuparla de esa manera? que placer tan intenso, iba a reventar, entonces se levantó y puso su chocho encima de mi polla, no podía creer lo que estaba apunto de suceder. Empezó a bajar su sexo hacia mi pene introduciéndolo lentamente hasta que ya dentro empezó a moverse hacia arriba y abajo, estaba tan calentito y apretadito que mi pene sentía todos los movimientos de su pelvis yo la agarré por los pechos intentándola acariciar, pero su propio movimiento, que al parecer le estaba dando tanto placer, me impedía acariciarla como yo quisiera, pero daba igual el placer que sentía, ella lo demostraba con cada grito de placer que daba. Tanto placer nos producía que en un momento de descuido casi nos corremos pero aguantando las ganas y apartándola para reservarnos la puse a cuatro patas y empecé a darle un beso negro lamiendo todo su culo apretadito e introduciendo mi lengua por su esfínter, estaba su coño aguado, ella entre gemido y gemido me pidió con voz suave que la penetrara por su esfínter Yo obedeciéndola puse mi pene a la altura de su ano acercándolo y acariciándole con el mismo su esfínter, empecé a notar mientras lo introducía como su mano por debajo acariciaba mis huevos, yo gemía sin poder parar por el gusto que aquello me estaba proporcionando. Empecé a mover mi pelvis de adelante hacia detrás, primero muy lentamente, notaba que ya la pasión nos desbordaba, con mis dedos masturbaba su clítoris en medio de sus alaridos de placer, mi pelvis se movía más y más de prisa hasta que en un alarido de gusto por parte de los dos nos corrimos de gusto, le llené su culo de leche y ella bañó con su orgasmo la alfombra. Ella después se apartó y diese la vuelta hasta ponerse enfrente de mi pene lo empezó a chupar de tal manera que el placer que me producía su pequeña limpieza me hizo derrumbarme de placer mis piernas temblaban por el placer ella sudaba por el calor tan intenso que habían producido nuestros cuerpos. Después de esto ella solía venir de vez en cuando a verme y disfrutábamos de una agradable y excitante tarde. Siempre recordaré a Ana como mi prima favorita. |
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