Relato porno. Desvirgando a Paula.

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La historia que les cuento es totalmente verídica y sucedió cuando yo contaba 19 años. Aún no había perdido mi virginidad y mis ganas eran frenéticas, pero no tenía prisa por ello. Vivo en un pueblo muy cerca de Alicante, eran las fiestas patronales, pleno mes de agosto y como todos los años nos juntábamos los amigos para poder disfrutar al máximo de las mismas. El primer día de las mismas, fue inolvidable. Pasada la medianoche, ya hartos de alcohol y de bailar en la disco, salí a tomar un poco el aire y se me presenta una chica fascinante. Rubia, muy guapa, bien formadita, buena delantera…

Yo la conocía de vista, era también del pueblo, se llamaba Paula, tenía la misma edad que yo, pero nunca había conversado con ella. Comenzamos a charlar y como estábamos los dos aburridos le dije que si le apetecía darse un baño, pues tengo una piscina y quedaba cerca del lugar. Ella ante mi sorpresa accedió. Por el camino nos fuimos conociendo un poco más.

Al llegar, le dije si llevaba bañador, me contestó que sí, pero que no quería mojárselo, pues después quería seguir de fiesta y no le apetecía ir con él mojado. No sabía lo que les esperaba. Así que me dijo que nos bañáramos desnudos, y luego tendríamos toda nuestra ropa sequita. A mí no me importó, todo lo contrario, me estaba poniendo ya a cien.

Mi polla quería salir del slip, no podía resistirlo. Ella comenzó a desnudarse, se fue a una esquina y me dijo que no mirara hasta que estuviera dentro del agua. Vale, le contesté.

Cuando terminó ella, me tocó a mí el turno, a mí me daba lo mismo que mirara o no, así que ni corto ni perezoso empecé a desnudarme, ella miraba disimuladamente, yo hacía como que no me veía y me desnudé dejando mis 17 cms. todos al aire y a punto de reventar.

Me metí dentro del agua y me fui donde estaba ella. Nada más acercarme, la muy zorra lo primero que hizo fue agarrarme la polla, diciendo que estaba deseando sentirla dentro de su coño. Yo alucinaba. Comenzamos a besarnos, y a meternos mano debajo del agua, ella no soltaba mi polla, yo sobaba sus lindas tetas y su almejita. Era una situación súper excitante.

Tras largo rato le dije que porque no salíamos mejor, así podríamos disfrutar mucho más el uno del otro. Le propuse hacer un juego: yo le tapaba los ojos con un pañuelo y ella podía hacer conmigo lo que quisiera, después me tocaría el turno a mí. Así lo hicimos.

Le vendé los ojos, me tumbé en el suelo y ella se echó encima de mí.

Empezó a relamerme de arriba a abajo, hasta que se detuvo largo rato en mi polla y mis huevos, los lamía con avaricia, me la meneaba con pudor, yo estaba en el éxtasis, el placer era máximo estaba a punto de correrme y le avisé que me iba, a ella no le importó y se tragó todo mi semen, seguía y seguía chupando, yo no aguantaba más, era una tía espléndida.

Después me tocó el turno a mí, me vendó los ojos y se desnudó, comencé a masajear sus lindas tetas, relamía sus sabrosos pezones, llegué a su almejita, la devoré con ahínco, al principio suavemente y luego metiéndole toda la lengua, degustando su clítoris…

Ella gemía de placer, sigue, sigue y no pares me decía, hasta que no pudo más y se corrió en mi cara, pero sin avisar, me encantó relamer sus calientes jugos que emanaban de su linda concha, seguí relamiendo hasta dejársela toda limpita.

Ya estábamos los dos muy calientes, le pregunté si era virgen y me dijo que sí, yo también lo era, así que le dije que sería una magnífica noche para poder perder la virginidad ambos.

Accedió sin contemplaciones, yo seguía alucinando, era mi gran sueño. Así que la coloqué a cuatro patas, me puse un preservativo y no me lo pensé dos veces, acerqué mi erecta polla a su limpio coño y poco a poco fui metiéndosela.

Al principio me costó un poco, no quería hacerle daño, pero poco a poco fui bombeándola hasta metérsela toda, ella gritaba de placer como una loca, yo estaba en una nube, mis movimientos cada vez eran más rápidos y fluidos, ella no tardó en correrse y poco después lo hice yo.

Acabamos los dos rendidos, fue una experiencia inolvidable, la primera vez para ambos.

Después nos dimos un baño para lavarnos, nos vestimos y nos fuimos. A partir de esa noche repetimos la experiencia dos veces más, fueron unas fiestas inolvidables y de las que siempre hemos guardado un grato recuerdo ambos.

Ella ahora está casada, yo con novia, pero cuando nos cruzamos por la calle nos echamos unas pícaras sonrisas recordando lo bien que lo pasamos.

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