Videos, fotos y relatos de sexo casero
<<- Indice relatos Fin de semana

Disfruta de autentico sexo casero, videos, fotos, relatos y chicas amateurs con webcams en Directo a tu alcance. Realiza tus fantasias mas calientes con nuestras chicas, descarga videos porno amateurs de calidad al momento.

El Club de Putas mas cachondo. Hermosas zorritas gozando del sexo mas duro.

Sexo con colegialas calientes y sin límites. Estudiantes comiendo grandes pollas y penetradas a fondo.





Cientos de videos caseros. Sexo anal, mamadas y corridas, maduritas muy calientes en acción.

+ PELICULAS COMPLETAS DE SEXO AMATEUR

Hola, soy Chema, tengo cuarenta y siete años y soy de Santander. Estoy casado con Maria desde hace veintidós años. Mi experiencia con las mujeres ha sido casi nula, hasta conocer a la que hoy es mi mujer. Ella sí que ha tenido más experiencias con distintos hombres, cosa que siempre me ha cohibido un poco, por si no era capaz de ofrecerle todo lo que necesitaba en la cama. Hace poco entramos en lo que se denomina fase de recesión en nuestras relaciones sexuales. El trabajo, el estrés, fueron minando la relación, dando paso a la rutina más tediosa.

Una noche cenando los dos solos, y con casi una botella de champán a cuestas, se le fue soltando la lengua, y los temas derivaron en el aspecto sexual, saliendo a relucir un antiguo amante suyo, que al parecer tenía un pene enorme. Me dio todo tipo de explicaciones, hasta me contó un encuentro amoroso que tuvieron, con pelos y señales. Contra todo lo que yo pudiera pensar, el relato me excitó sobremanera, y cuando hicimos el amor por la noche, le pedí que me contase algún relato más. Mi excitación llegó a cotas inimaginables, pero como parte de la atención iba para el relato, duramos haciendo el amor más de dos horas. Los orgasmos de los dos fueron extraordinarios, y así lo reconocimos ambos.

Pasaron los días, y a mí me fue entrando en la cabeza que mi mujer aún echaba de menos a aquel antiguo amante, y que gran parte de la culpa era mía.

A partir de entonces me obsesionó el tema, y procuré que cayese en mis manos toda la información que pudiese acerca del sexo. Cuando asimilé tan desconocida información, sobre todo en lo referente al placer femenino, me las apañé para que unos familiares se quedasen con nuestros hijos tres días, en los que aprovecharnos para irnos a un hotel en la costa Asturiana. Fue difícil convencer a mi mujer, pero mi insistencia, y la necesidad de descansar por parte de ella, hicieron que un fin de semana de Agosto pusiésemos rumbo a nuestro hotel.

Nos fuimos a cenar a un restaurante muy íntimo que había conocido por internet. Cuando llegamos, teníamos mesa reservada en un rinconcito del mismo.

- Ya verás lo bien que lo vamos a pasar, además te tengo preparadas unas sorpresas.

- Ya estás con lo mismo, que a mí me vale con lo que me haces en la cama.

Durante la cena me fijé en una pareja que cenaba no lejos de nosotros, y en como el hombre miraba con disimulo a mi mujer. Así se lo comenté a Maria, pero ella me decía que eran imaginaciones mías. Seguimos cenando y el vino fresco y el champán fueron haciendo mella en mi mujer. Yo continuamente le hacía referencias sexuales, y le decía lo mucho que se estaba calentando el hombre al que antes me refería.

- ¿A si?, pues ahora verás.

Se levantó de la mesa y se dirigió al baño, pasando muy cerca de la pareja. El hombre no perdió de vista los pechos de mi mujer, y como su top blanco marcaban la redondez de estos, al no tener sujetador. Meneaba también sus caderas de manera que su falda corta daba ligeros movimientos, marcando más sus andares.

No me pasó desapercibido de que la mujer que estaba con este hombre, estaba al tanto de todo lo que este miraba, porque sonreía cada vez que le hacía un comentario, volviéndose incluso a mirar a mi mujer. Por mi mente pasaron calenturientos pensamientos. Cuando mi mujer regresó, se repitió el mismo ceremonial de miradas. Al sentarse María, miró con ojos retadores hacia la mesa de la pareja.

- Los tienes locos a los dos. Atiné a decir.

- No me interesan ellos. Pero mira lo que me he encontrado de paso a los servicios.

Estiró su brazo, y colocó algo en mi mano, cerrándomela a continuación. Cuando miré disimuladamente lo que me había entregado, comprobé que se trataba de un diminuto tanga rosa. No entendí nada, pero enseguida pasó por mi cabeza un pensamiento. Disimuladamente tiré una servilleta al suelo, y levantando un poco el mantel, me fijé en la entrepierna de mi mujer. Esta abrió las piernas, y pude comprobar que no tenía ropa interior.

- Esto es un adelanto de lo que te espera esta noche.

Aluciné con el hecho de que María se atreviese a tanto. La cena pasó rápidamente, entre los comentarios picantes de mi mujer, que me hacía todo tipo de gestos sensuales. Yo estaba a mil por hora, pero mis planes eran otros. Y a pesar de la insistencia de María para que nos fuésemos al hotel para hacer el amor, nos dirigimos a una cercana discoteca, donde entre baile y baile, yo me dediqué a sobarla bien, para ponerla más caliente. Ella no se cortaba, y refrotaba su pubis contra mi paquete, sin importarle la gente que estaba a nuestro alrededor. Cuando acabamos en la discoteca, cogimos un taxi para regresar al hotel. María posaba su mano sobre mi paquete, al tiempo que disimuladamente levantaba su falda para que viese su mata de pelo púbico. No estoy muy seguro, pero creo que el taxista no perdió detalle de todos estos movimientos.

Al llegar al hotel, y cuando subíamos en el ascensor, María se abalanzó sobre mí, besándome apasionadamente, a la vez que intentaba sacarme el pene por la bragueta. La cosa se estaba poniendo tensa de verdad, y con sumo gusto la hubiese poseído allí mismo, pero aún tenía alguna sorpresa para esa moche. A duras penas pude contenerla, y sujetarla hasta que entramos en la habitación.

- Vamos, métemela de una vez, que me tienes cachonda perdida.

He de reconocer que pocas veces había visto así a María, en ese estado de excitación. La llevé hasta la cama, y la senté en ella.

- Espera que te tengo algo preparado.

Me fui hacia el baño, apagando todas las luces, y encendiendo las de este. Conecté un CD que había preparado antes, y se empezó a escuchar una canción de Anastasia. Salí del baño al ritmo que las notas me dictaban, y comencé un striptise que llevaba semanas preparando. Mi mujer se quedó con la boca abierta, a medida que ejecutaba la coreografía, y una tras otra las prendas fueron cayendo al suelo, hasta quedarme con un diminuto tanga blanco de esos que tolo tienen una fina tira en la parte trasera. Acabé la actuación sentado sobre mi mujer dándola la espalda, mientras sujetaba sus manos haciendo que frotasen mi pecho. Tras un suave beso me levanté, y esperé la reacción de mi mujer.

- Esta sí que ha sido una sorpresa. Nunca hubiese imaginado que fueses capaz de hacerlo, y tener tanta imaginación para la coreografía.

Me agarró del tanga y me atrajo hacia ella. Después lentamente lo fue bajando, y ahí estaba otra sorpresa, los testículos me los había depilado.

- Y en cuanto a la prenda esta, reconozco que no me gusta mucho en los hombres, pero realmente te hace muy sexy. Y tus huevos se ven deslumbrantes con esta pelada que te has pegado.

Procedió a meterse mi flácido pene en su boca. Enseguida éste se puso en erección. Estuvo lamiendo y mordisqueando mi pene durante un tiempo.

- Veo que has estado preparando este fin de semana a conciencia. Pues yo no quiero quedarme atrás, así que siéntate aquí en la cama y espera.

Esperé unos minutos mientras mi mujer estaba en el baño. Supuse que quería darse una ducha antes de que hiciésemos el amor. Cuando salió, comenzó a contonearse al ritmo de la música que yo había utilizado anteriormente. Desde luego sus movimientos resultaban más sexys que los míos, y mi pene tomó una erección tremenda ante los provocativos movimientos. Pero lo mejor estaba por llegar, ya que al quedarse desnuda, pude comprobar que se había rasurado el coño, dejando solamente un poco de pelo en la parte superior del pubis. En uno de los movimientos en que se agachó dándome la espalda. Pude ver también que la parte del ano la tenía totalmente rasurada.

- Veo que te has quedado de piedra. Me lo he depilado porque se que te gusta. Me he fijado en como miras las fotografías de las revistas…

Yo estaba embobado, y no atinaba a decir palabra. En otra ocasión, la hubiese tirado sobre la cama, y la hubiese metido mi miembro en su más que probable encharcado coño. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no hacerlo. Por el contrario, la tumbé boca abajo en la cama. Saqué un bote de aceite que había dejado situada junto a la cama, y puse un poco sobre mis manos. Procedí a darle un masaje, que tras primero sus protestas, seguido de desconcierto y por último satisfacción, arrancó los primeros suspiros de su garganta.

Pasaba lentamente mis manos por todo su cuerpo, y tras diez o quince minutos así, procedí a poner el pulgar de mi mano izquierda a la entrada de su vagina. Mi mano derecha comenzó a realizar un masaje más fuerte, de modo que movía el cuerpo de mi mujer, y hacía que el pulgar cada vez se metiese más en ella. Cuando alcancé el famoso punto G, o yo entendía que debía ser, masajeé suavemente la zona. Gran cantidad de jugos comenzaron a manar del coño de mi mujer, a la vez que suspiros cada vez más rítmicos salían de su boca. Quiso darse la vuelta para que la penetrase, pero yo se lo impedí.

- Espera y relájate, que tenemos toda la noche.

No protestó, así que supongo que era de su agrado todo lo que estaba sucediendo. Seguí masajeando el interior de su vagina, mientras que la otra mano ahora separaba sus glúteos. Iba a poner en práctica otra lección aprendida, y que no sabía como iba a resultar. Me incorporé un poco para sacar un preservativo de la famosa bolsa, que parecía el bolso de Mary Poppis. Lo abrí y me lo puse en la lengua, para dirigirme posteriormente al ano de mi mujer. Esperé su reacción, y aunque al principio parecía que le gustaba, se incorporó un poco para quitarme de sus nalgas.

- ¿no te gusta? - Si. Pero no quiero que lo hagas.

- No te preocupes, me he puesto un condón, y además si te gusta no hay nada malo en que goces conmigo.

Pareció convencida, así que se dejó hacer. Seguí masajeando su coño mientras que buscaba la manera de lamer su ano sin tener problemas de respiración. María colocó sus manos en sus nalgas, y las abrió para facilitarme la maniobra. Parecía que había leído mis pensamientos, o quizás sabía de lo duro de la operación. No quise entrar en esos pensamientos, y me empleé a fondo en arrancar verdaderos jadeos, mientras movía sus caderas cadenciosamente.

-Métemela ya que me voy a correr.

Le di la vuelta y la arrimé a la esquina de la cama, mientras que me ponía de rodillas en el suelo. Abrí sus muslos y me acerqué para lamerle el coño. Es una operación que me encanta hacerla, pero que siempre había tenido el inconveniente de que le hacía cosquillas. Esta vez confiaba que la excitación que ella tenía, me hiciese más fácil la maniobra. María cuando notó que me acercaba a su coño, se puso un poco tensa, sin duda esperando el momento de las cosquillas. Pero esta vez fui lamiendo con más cuidado, a la vez que metía dos dedos en su encharcado coño.

- Vamos métemela ya, que no puedo más.

Varias veces me cogió de la cabeza para que me pusiese sobre ella, pero yo me zafaba de la maniobra.

Mientras seguía lamiéndola, tanteé con mi mano en busca de la bolsa que tenia en el suelo, y de ella saqué un vibrador que había comprado en un sex-shop no hacía demasiados días. Lo fui metiendo en su coño suavemente, ya que aunque no era muy grande, nunca los había utilizado y no estaba muy ducho en la materia. María se sorprendió cuanto notó el vibrador entrando en ella, y más cuando puse en marcha su motor. Comenzó a mover frenéticamente las caderas, mientras sus manos se aferraban a mi cabeza, atrayéndola más hacia ella.

- Está muy bien, pero quiero que me des tu polla.

No le hice caso, y seguí trabajándola con mi lengua y el vibrador. Tras unos minutos tuvo un brutal orgasmo, corriéndose por primera vez en mi boca. Dejé que recuperase la respiración, pero no dejé que se repusiese del todo, ya que me dolían los huevos del calentón que tenia. La penetré sin miramientos, y ella lo recibió con un largo suspiro.

- Esto sí que está bueno.

Según estábamos fuimos moviéndonos por la cama como dos adolescentes, buscando una mayor penetración. Los dos estábamos poseídos por la pasión, una pasión que creíamos dormida.

- La vez que me contaste el relato mientras hacíamos el amor me excité muchísimo.

- ¿Te gustó? - Si, más de una vez me he masturbado pensando en ello. Tengo que confesarte que hay una fantasía con la que también me masturbo.

- ¿Cuál es? - Que otro tío me ayude a follarte. Que te follemos los dos a la vez.

- ¿Dejarías que otro me follase? - Solo es una fantasía, no se si fuese capaz de realizarla.

La conversación renovó nuestra calentura, y las penetraciones se hicieron más profundas. Se agarró a mi cintura, y buscó con su boca mis pezones. Nunca me lo había hecho, y realmente me gustó, sentí una gran excitación en mi pene.

- ¿Te gusta? - Si, ¿por qué nunca me lo habías hecho? - No sabía si te gustaría.

Seguimos haciendo el amor como locos, y cuado le dije que me iba a correr, metió un dedo en mi culo. Fue un orgasmo brutal con tan sorprendente maniobra. Salí de su chorreante coño, y ante la sorpresa de los dos, mi pene aún tenía una erección más que válida.

- Métemela por detrás.

- ¿Por el culo? - No.

Se dio la vuelta separando las piernas. Con cierta complejidad le fui metiendo el pene. Cuando lo tuvo totalmente dentro, comenzó a cimbrear su culo, de modo que yo no tenía que moverme, solamente buscar la postura más idónea para que mi pene no se saliese, ya que no tengo una miembro excesivamente grande, unos dieciséis centímetros. Las sacudidas cada vez se hicieron más grandes, y cuando su orgasmo estaba a punto, me pidió que la arañase la espalda. No se el tiempo que estuvo corriéndose, pero jamás había visto nada igual, ni siquiera en los orgasmos fingidos de las películas.

Quedamos los dos rendidos en la cama.

- Ha sido fabuloso. -Atiné a decir - No creas que esto ha terminado, que yo aún estoy caliente como una perra.

Ante mi asombro, me dio la vuelta, y me puso boca abajo. Se levantó al baño, y trajo el cinto de un albornoz, con es que me ató las manos a la cabecera de la cama. Se sentó encima de mis glúteos, y comenzó a frotar su coño contra ellos.

- Así que el señor tiene esas fantasías tan calientes ¿eh?. Y por lo que he visto, te ha gustado tener un dedo en el culo. Seguro que te gustaría que el amante que quieres que me folle, también te metiese su polla en ese estrecho culo.

No contesté, porque no sabía como responder. No la reconocía, y jamás la había visto así.

- Veo que te has quedado sin palabras.- dijo mientras me daba un azote y clavaba sus uñas en mis glúteos.

Di un pequeño grito de dolor, pero lo que realmente me excitó era que mi polla se estaba poniendo otra vez dura.

- Si… me gustaría que me taladrase el culo mientras te como el coño.

- ¿Ves que fácil ha resultado que confieses?

Por la raja de mi culo comencé a notar como mi propio semen mezclado con jugos de su coño, bajaban hasta mis huevos. Era evidente que la situación también la excitaba a ella.

Me descabalgó, y procedió a echar unas gotas de aceite en mi espalda y glúteos. Después procedió a extenderlo, con movimientos fuertes, amasando cada uno de mis cachetes, que seguro estaban rojos por el castigo recibido. De vez en cuando pasaba sus dedos por la entrada de mi ano, hasta que procedió a meter uno de sus dedos. Lo hizo sin miramientos, arrancando de mí unos quejidos mezcla de dolor y placer. Estaba totalmente confundido por la situación y mis sensaciones. Meneaba el dedo dentro de mí, a la vez que me acariciaba mis huevos y mi polla.

- Ponte a cuatro patas para que pueda tocarte más a gusto.

Así lo hice, y fue cuando introdujo un segundo dedo en mi interior. Noté como si tuviese fuego en el ano. Movía los dedos en mi interior con gran rapidez, añadiendo alguna vez unas gotas de aceite. Cuando el placer estaba en su punto álgido, sacó los dos dedos de golpe, haciendo que me notase vacío, y cayendo mi cabeza hacia delante. Durante unos segundos no pasó nada, y cuando miré hacia atrás, vi como había puesto un preservativo al vibrador que yo la había introducido antes. No me dio tiempo a decir nada, pues de un golpe metió un tercio en mi interior.

El dolor era insufrible, pero mi polla reaccionaba a cada envite, como si tuviese comunicación directa con mi ano. Dejó que durante unos segundos mi ano se amoldase al intruso. Echó otro poco de aceite, y siguió metiéndolo a la vez que puso en marcha el motor. Inició un mete-saca a la vez que me hacía una fenomenal paja. No se como lo hizo, pero se colocó de tal manera que sin dejar de mover el vibrador, se puso a hacerme una mamada como hacía años que no me la hacía. No pude más, y me derramé en su cara y en su boca sin que me diese tiempo a avisarle.

- ¿Pero como te atreves a correrte sin esperarme? - No puedo más cariño

Me soltó las manos y sacó el vibrador de mi interior. Pude distinguir unos pequeños hilillos de sangre, pero nada de que preocuparse.

- Ahora tendré que acabar yo sola lo que tú has dejado a medias.

Se tumbó en la cama, quitó el preservativo al vibrador, y se lo pasó por todo su cuerpo. Yo solo podía admirar como mi hermosa esposa sacaba de su cuerpo la mujer caliente que es, y como con aquel instrumento de placer, arrancaba de su cuerpo un último orgasmo. Tuvo el vibrador en su interior hasta que las últimas olas de placer abandonaron su cuerpo. Después lo lamió y me lo pasó.

- Límpialo bien, que nos será de gran utilidad en el futuro.

Quedamos los dos rendidos en la cama sin poder decir nada. Abrazados nos quedamos dormidos.

El fin de semana dio para mucho, y nuestra vida sexual ha mejorado muchísimo. Siempre buscamos los huecos necesarios en nuestro ajetreado día, para darnos placer.

<<- Indice relatos


Todos los videos, fotos y salas de videochat que aqui se exponen son referentes a mujeres mayores de edad. Nuestros contenidos eroticos y de sexo explicito solo son aptos para MAYORES DE EDAD. Si nuestros contenidos no son de tu agrado o no tienes la mayoria de edad debes salir de esta web. SALIR.