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Hola amados lectores. Nuevamente su amiga travestí Ninette Montero les ofrece otro relato ardiente esperando sea de su agrado. Esta historia se desarrolla en la ciudad de Guadalajara, en nuestro adorado México, donde vivo actualmente.

Corría la tarde de un sábado súper especial para mí; este día era como mi presentación en sociedad. Por la noche habría una fiesta para la comunidad transexual de Guadalajara en un antro usualmente frecuentado por hermosas chicas TVs y por hombres que buscan sus favores. A mí me había invitado mi linda amiga Karyme, quien me comentó que sería bueno para mí acompañarla y divertirme un poco. A mí me enloqueció la idea de conocer chicas travesti como yo y tal vez alguno que otro chico con quién desahogar mis ganas y deseos acumulados por meses de no sentir hombre. Definitivamente tenía que asistir y prepararme híper para la ocasión.

Me maquillé esmeradamente con un tono claro para los labios, sombra en los párpados y me delinee los ojos y las cejas de manera súper sexy. Para la fiesta decidí ir como una linda e inocente colegiala (ja ja ja ja ja). Dos licras de color negro cubrían mis piernas hasta poco arriba de la rodilla, me puse una micro falda holgada a cuadros de color rojo que era más corta por detrás que por el frente para no dejar mucho a la imaginación, una tanga de algodón de color blanco con figuras de ositos y corazoncitos, un wonderbra de color negro, una blusa blanca a la que le hice un nudo al frente y una corbata sin ajustar. Completaban mi atuendo unas sandalias de plataforma y tacón transparentes y una peluca larga y rubia a la que Karyme le hizo unas lindas trenzas.

Karyme se arregló en mi departamento y una vez listas salimos en su auto hacia el punto de reunión a eso de las 10:00 de la noche. Yo me sentía más que emocionada y nerviosa, mi amiga se dio cuenta y me dijo que me relajara, que disfrutara la fiesta y me advirtió que me encontraría con muchos hombres cariñosos y me recomendó que, simplemente, me dejara querer. Le sonreí pícaramente y seguimos nuestro camino.

El lugar estaba hiper concurrido y no faltaba mucho para que se pusiera a reventar. Cuando llegamos Karyme y yo nos sentamos a la mesa con otras dos amigas: Lilith y Miranda. Pasamos un par de horas conversando, bebiendo cerveza y licor en extremo, fumando y riendo a carcajadas. Conversamos sobre hombres y cómo nos habían complacido. Una de mis amigas habló sobre la diferencia entre hacerlo con latinos y con europeos, otra relató cómo la había llevado al cielo un griego y yo les comenté a todas que mi cuerpo y mi alma eran para los negros, aunque podía aceptar a otro tipo de hombre que me sedujera y me hiciera vibrar.

Después de un tiempo llegaron unos hombres a nuestra mesa, muy atractivos por cierto. Como no había sillas suficientes decidimos que ellos se sentaran y nosotras nos sentaríamos sobre sus piernas. Después de un rato de conversar y beber mucho cada pareja se concretó en un solo asunto: el amor. Nos besábamos con los chicos que no dejaban de acariciarnos las nalgas, las piernas, la espalda y las tetas; nosotras correspondíamos sobándoles la verga y el pecho y entregándonos cada vez más profundamente en los besos de pasión y en las caricias.

Puedo recordar eventos posteriores aunque no muchos detalles claramente pues ya estaba yo muy tomada. Recuerdo que estaba en la pista de baile con mi acompañante convulsionando mi cuerpo al ritmo de las canciones de reaggeton que se escuchaban. No se cómo paso pero lo siguiente que recuerdo es estar besando y abrazando a un chico completamente distinto al primero al ritmo de una balada, el mantenía mi cuerpo juntito al suyo con sus manos que estaban prácticamente pegadas a mis nalgas. Lo siguiente que recuerdo es estar en una esquina sin iluminación besando y acariciando a otra chica TV y sentir un delicioso placer cuando ella lamía mi cuello y besaba mis labios, recuerdo que aprovechó la poca iluminación para colocarse debajo de la mesa y empezar a lamerme por detrás, lo cual a mi me provocaba un extremo gozo que aunado a la adrenalina liberada por el temor de que nos descubrieran tenía un efecto hipnotizador en mí que me volvía loca. Juro que no recuerdo cómo pasé de un amante a otro ni muchos detalles.

Hubo un momento en que me encontré sola rodeada de la multitud y me puse a recorrer el antro buscando a mis amigas. Al paso hubo varios hombres que me tomaban de la cintura y me llevaban con ellos, me manoseaban y nos comíamos a besos en el baile y después de un rato me dejaban ir para seguir buscando a mis amigas. Estando muy mareada recuerdo haber llegado al área de privados donde continué mi búsqueda de mis amigas asomándome al interior de cada uno. Una de las escenas que recuerdo muy claramente fue descubrir a mis amigas en el interior de un privado de rodillas mamando la verga de un hombre entre las tres. La escena se me hizo súper excitante y las ganas de acompañarlas inundó mi cuerpo por unos instantes; sin embargo, por no se qué inspiración divina, decidí darles privacidad y retirarme de ahí. Esa ha sido hasta el momento la mejor decisión que he tomado en mi vida, creanme.

Mareada, cansada y con dolor de cabeza me senté en una mesa desocupada y comencé a sentir un ligero escalofrío. Recuerdo que algunas personas se me acercaban a conversar o a manosearme, pero yo las alejaba con frases como "no me molestes", "déjame sola", "vete al diablo" y demás. Todas esas personas se alejaban maldiciéndome o diciendo cosas como: "déjala, esta borracha, o coca la puta loca" o "pobre pendeja".

Cerré los ojos y sentí las molestias del mareo y en ese momento alguien me tomó de la mano y dijo: "no es bueno que una niña tan linda y sexy se sienta enfermita, te podemos dar un analgésico para el dolor de cabeza". Abrí los ojos y vi a dos hombres a fines de sus 40 frente a mí vestidos de forma casual pero elegante, sonrientes y con unas lociones deliciosas. Uno de ellos fue por un vaso con agua y agregó dos tabletas de un analgésico efervescente y me lo dio a beber. Aunque en otras circunstancias tendería a desconfiar de la gente que me ofrece algo de beber esta vez no fue así, de tal manera que me tomé el medicamento y con eso acepté implícitamente que los dos hombres me acompañaran a la mesa. Rafael era robusto, alto, con cabello cano recogido con gel y barba de un par de días de esa que raspa. Ron también era robusto, más que Rafael, no muy alto, de cabello negro largo y con bigote. Yo quedé sentada entre ellos en la mesa con las piernas abiertas, ellos comenzaron a hablarme de una forma tal que sentí una atracción enorme hacia los dos sujetos y sus palabras.

Ambos eran maestros de nivel secundaria y preparatoria en escuelas privadas de Guadalajara, estaban casados y cada uno tenía sus hijos. Me comentaron que hacía 10 minutos que habían llegado al antro y lo primero que llamó su atención fue verme en mi atuendo de colegiala pues les era muy familiar por su trabajo y, además, les recordaba todas las experiencias que ambos han tenido con las estudiantes de su escuela, golfitas que hacían cualquier cosa (mamar verga y dejarse coger) con tal de pasar su materia, terminar la preparatoria y tener su estúpida fiesterita de graduación. Poco a poco mis molestias fueron desapareciendo y sentí más confianza hacia esos dos hombres, me relajé más y seguimos conversando súper amenamente. Cuando un mesero se acercó a nosotros los caballeros pidieron una cerveza, yo pedí una naranjada y ambos le dijeron al mesero: "cárguenos la cuenta de la señorita a nosotros, por favor", yo abrí la boca de asombro y dije: "hey, no puedo permitir eso", y Ron dijo mientras me besaba la mano: "es una cortesía para una lindura de niña como tú". Debo confesar que como mujer me sentí alagada y no me quedó más que decirles gracias con una sonrisa. En verdad se portaron muy dulces.

La conversación era cada vez más divertida y subida de tono, los caballeros me acariciaban las piernas mientras hablábamos de diversos temas y poco a poco el pudor fue desapareciendo y los tres nos tomamos muchísima confianza. A los tres cuartos de hora de conocerlos ya me encontraba yo hincada en mi asiento abrazando a Rafael y dándole infinidad de besitos en su cara y sintiendo su rasposa barba en mi cuello y mis mejillas; al mismo tiempo Ron me acariciaba el culo y los muslos. Los dos hombres me parecían ahora extremadamente atractivos y sinceramente deseaba seguir pasando el tiempo a su lado. Finalmente Rafael sugirió retirarnos a un lugar más íntimo para seguir nuestra propia fiesta, a lo que yo estuve de acuerdo con una sonrisa pícara. Los hombres liquidaron la cuenta de sus bebidas y las mías y nos retiramos del antro. Al caminar uno me tomaba por la cintura y otro por el culo mientras yo me sentía feliz al imaginar el festín sexual que iba a tener con esos dos espléndidos caballeros, divinos e imponentes ejemplares del género masculino.

Rafael conducía el auto mientras Ron y yo nos besábamos en los asientos de atrás. El me acariciaba mis nalgas e intentaba meter su dedo en mi culo mientras yo tomaba su cara y lo besaba con una pasión infinita, me moría de ganas de comérmelo, de amarlo y de complacer todos y cada uno de sus deseos. Finalmente llegamos al edificio donde se encuentra el departamento secreto de Rafael, tomamos el elevador los tres y durante el ascenso sentí las caricias y los besos de ambos por varios rincones de mi cuerpo. Esos caballeros despertaron un nivel de lujuria desconocido por mí, sus voces me hacían desmayar pues eran sumamente varoniles y sensuales, sus manos provocaban emociones extremas en mí que me hacían desear cada vez más el momento de ser suya por completo. Llegamos al último piso, entramos en el departamento y al cerrarse la puerta comprendí que no había vuelta atrás, que la más maravillosa de todas mis experiencias sexuales iba a tener lugar y estaba dispuesta a vivirla como nunca.

Los caballeros se tiraron en un sofá algo cansados del ajetreo anterior en el antro, yo los observé de pie frente a ellos y comencé a moverme de forma sugestiva para excitarlos más al ritmo de la música de Britney, Christina, Sabrina, Alizeé y otras golfas, que yo cargaba en mi reproductor para ocasiones como esta. Meneaba mi cintura con bailes lentos y sexuales, me acariciaba los muslos, mi tórax, mis tetas y mi cabello ante ellos. Me puse de espaldas a ellos, me subí la micro falda para ofrecerles la totalidad de mi culo de mujer, me empine un poco y me acaricié las nalgas. Ellos se encontraban calientes ya y me decían halagos como: "eso es hija de perra, estas buenísima", "así puta sigue así, eeeesssooo", "ándale nena eso es" y "aaayyyy amigo mira ese culote".

Después de avivar el fuego de su lujuria con mis movimientos sensuales los caballeros se pusieron de pie y yo, por mi instinto de hembra en celo, me puse de rodillas y gatee hasta llegar a sus pies conociendo perfectamente sus deseos e intenciones. Aún de rodillas recorrí sus piernas con mis manos hasta llegar a sus bultos. Mi cara reflejaba ya mi deseo de mujer amplificado exponencialmente mientras mis manos acariciaban lentamente esas prominencias provocadas por las vergas de los dos hombres. A continuación procedí a desabotonar y bajar la bragueta de los pantalones de mis anfitriones uno a la vez para liberar de su prisión a esas bestias divinas encargadas de calmar las ansias de las perras en brama como yo. Cuando ambas estuvieron fuera no puede contener mi alegría al ver esas imponentes y deliciosas vergas de entre 15 y 18 cms, increíblemente gruesas y cuidadosamente afeitadas colgando frente a mí aún algo flácidas. Me llevé mi mano a la boca y emocionada exclamé: "Oohhh!!! Si así están grandes ya me las imagino bien paradas!!!!".

Ron tomó mi cabeza con su mano y la acercó a su verga, yo comencé a lamérsela lentamente y con extrema minuciosidad, deseaba saborear cada milímetro de ese delicioso trozo de carne; mientras le hacía eso a la verga de Ron con mi otra mano tome la verga de Rafael y lentamente la masturbé con movimientos de arriba hacia abajo y sentí claramente como se ponía mas dura, como incrementaba su tamaño y como se convertía en un manjar suculento para mi boca. Al cabo de unos segundos tenía yo en mis manos dos vergas monstruosas tan gruesas que mis manos no alcanzaban a rodearlas y tan duras que las venas se marcaban y parecía que iban a reventar. Yo estaba súper emocionada y empapada masturbando esos falos mientras regalaba a mis amantes la más lujuriosa de mis sonrisas.

Me metí a la boca primero la verga de Rafael. Afán inútil de tragármela por completo pues apenas entraba la cabeza en mi boca de lo extremadamente grueso que está su pene. Decidí sacarla, tomar vuelo abriendo mi boca lo más que pude, retrayendo mis anginas, tomar un respiro y meterme rápido la mayor cantidad de carne a la boca. Con enormes esfuerzos logre comer poco menos de la mitad pero a costa de atragantarme y sentir que las lágrimas escapaban de mis ojos y que me faltaba el aire. Saqué la verga de mi boca y empecé a jadear del esfuerzo; podía ver que mi saliva le escurría y las flemas viscosas se extendían desde la punta del falo hasta mis labios. Me sentía decepcionada pues estaba visto que no era lo suficientemente piruja para comerme ese imponente trozote por completo. Al ver mi fracaso los caballeros comenzaron a carcajearse y a ironizar: "es mucha verga ella, jajajajajajajaja, nos está decepcionando", "jajajajajajaja creo que recogimos a la perra equivocada, vamos por una que sea una verdadera mujer, jajajajajajajaja".

Herida en mi orgullo pero mucho mas hambrienta decidí volver a intentarlo. Con gran determinación tome fuertemente la verga de Ron, con mirada fija y concentrándome en mi objetivo abrí la boca lo más que pude y me tragué la punta de la verga, paré un instante y entonces comencé a comer más y más. Con un esfuerzo sorprendente logré meterme a boca poco más de la mitad de la verga de Ron, quien se mostraba sorprendido y complacido con mi esfuerzo. A partir de entonces me volvieron a respetar, me dieron mi lugar y se convencieron que yo en verdad era toda una ramera a la que valía la pena coger. A base de una hora de experiencia aprendí cómo comer vergas de ese calibre, así que mis caballeros adorados quedaron más que complacidos al sentir mis muestras de amor oral y cada uno se excitaba al verme mamando la verga del otro.

Los hombres estaban sentados en el sofá, uno en cada extremo, desnudos y masturbándose. Yo acerqué mi culo a la verga de Rafael, se la tomé con la mano y la pase por mis nalgas y mi ojete. Después coloqué mi culo sobre su verga y comencé a moverlo frenéticamente hacia atrás, hacia los lados y en círculos al ritmo de It's raining men de Geri Halliwell. La música me hacia entrar en un trance sexual que me enloqueció como nunca y como resultado de sentir una imponente verga entre mis nalgas perdí el control completamente, mi cuerpo se contorsionaba sobre la verga de uno y sobre la del otro y de nuevo. Todo esto encendió a mis anfitriones que me contemplaban maravillados y, ahora sí, se quedaron completamente convencidos de que habían sacado a la mejor puta del antro.

Los hombres me llevaron a la cama y me pusieron en cuatro patas sobre ella. Ron se puso frente a mi cara y yo comencé a mamarle la verga justo como unos minutos antes. Mientras tanto Rafael por detrás pasaba su verga por mi culo y untaba lubricante tanto a su verga como a mi hoyo. En una embestida brutal me dejó ir su vergota de un solo empujón. Sobra decir que a mi me dolió hasta el alma y dejé escapar un grito agudo y doloroso que tal vez retumbó en todo el edificio. Mientras me recuperaba de tan tremendo impacto Ron buscó y le entregó a Rafael una fusta con la que comenzó a castigar mis nalgas y mi espalda; después me ordenó moverme hacia atrás y hacia delante para que su verga me jodiera el culo, a lo que obedecí sumisamente y sin chistar. Desde el momento en que acepté a esos dos hermosos ejemplares de hombre a mi mesa en el antro asumí mi condición de esclava y objeto sexual. Ellos daban las órdenes, ellos eran mis nuevos amos.

Rafael tomó mis nalgas con sus manos y en embestidas desenfrenadas y salvajes me insertaba la totalidad de su verga por el culo, al que no dejaba de castigar con el fuete. A pesar de mis experiencias previas con vergas negras monstruosas y de constantes aplicaciones de lubricante el dolor era intenso e indescriptible; el semental me estaba jodiendo el culo y yo de hecho temí que me lo fuera a destrozar por el resto de mi vida. Por ratos estaba casi privada y con la mente en blanco, ese castigo había rebasado el límite de lo que había experimentado antes por mucho pero con gran lujuria decidí llegar hasta el final. Ron me obligaba a mamar su verga y lo hacía con sumisión pero a ratos tenía que retirarla de mi boca para poder gritar de dolor y en otros parecía que perdía el conocimiento por la cogida que Rafael me daba.

Entonces Ron se acostó boca arriba en la cama y le dijo a Rafael: - Dame a la puta, amigo.

Rafael saco su verga de mi culo, Ron me tomo del brazo y entonces con trabajos monté la verga de Ron. La tomé con mi mano y la dirigí hasta mi agujero dilatado y logré meterme la punta. Debo decir que todos esos movimientos implicaron un gran esfuerzo y un gran dolor de culo para mí pues el castigo de Rafael no fue en vano. Ron tomo mis nalgotas con sus manos y firmemente las mantenía en posición mientras el se preparaba para cogerme, antes de hacerlo me dijo:

- Ahora si vas a ver estrellas perra cabrona.

Diciendo esto me abrió las nalgas con sus manos y dejó ir toda su vergota dentro de mí. Cuando me la clavó hasta el fondo yo dejé escapar otro grito lastimero:

- Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaagggggggggggggggghhhhhhhhhhhhh.

Entonces Rafael se puso de pie sobre la cama, me tomó de la cabeza y con brusquedad metió su verga en mi boca y yo comencé a mamársela.

- Esto te pasa por ser tan puta hija de la puta madre, dijo Rafael.

- Ahhhhhhhh este es un buen culo, de los mejores el de la hija de puta, dijo Ron.

Mis manos descansaban sobre el pecho velludo y canoso de Ron y mi boca estaba llena con la verga de Rafael. Yo trataba de tragármela toda y Rafael me apoyaba empujando mi cabeza con sus manos hacía el. De mi boca ahora solo se escuchaban los intentos desesperados por gozar y mamar una verga de semejante calibre:

- Gluuuuuup, Gluuuuuuuuuuuuuup, era el sonido que producía esa imponente verga al entrar y salir de mi boca.

Por su parte Ron no dejaba de disfrutar la cogida que me daba y no tenía reparos en decir cuanto le gustaba mi culo y las sensaciones que le daba a su verga. En los momentos en que la verga de Rafael se encontraba fuera de mi boca yo les sonreía a mis amantes y movía mi cintura en todas direcciones con la verga de Ron adentro, lo cual lo ponía como loco y hacía que me cogiera más y más duro, permitiéndome gozar y sufrir todo el rigor de su verga dentro de mi.

Esa noche me anexé a la lista de mujeres que habían disfrutado de las vergas de Ron y Rafael. Colegialas sensuales, unas ardientes y otras en necesidad de pasar una materia, madres solteras de alumnas de la escuela que desahogaban sus ganas en los maestros de sus hijas y las esposas de los caballeros, que eran formalmente las dueñas de esas hermosas vergas.

Finalicé ese primer tiempo de pasión y goce sexual con más baile erótico para mis anfitriones. Esta vez decidí incrustar en mi colita un juguete súper delicioso que por un extremo era una pera de plástico y por el otro extremo se convertía en una larga colita de caballo. El frenético meneo de mi cintura hacía que la colita se moviera de un lado hacia el otro y se columpiaba sin parar. Debo decir que eso encendió a mis queridos machos y me pusieron otra cogida legendaria jijijijijijijijijijijiji.

Dieron las 9 de la mañana del día siguiente y para ese entonces yo me encontraba acostada boca abajo en la cama completamente exhausta, con el culo inflamado, enrojecido y sangrando. El dolor me impedía moverme pero permanecía despierta. En la sala del departamento escuchaba que mis bellos caballeros departían bebiendo cervezas muy amenamente después de la noche de placer que les dí. Hablaban de trabajo, de autos y de lugares para ir de vacaciones. Entonces decidieron salir a desayunar unos antojitos del puesto de la esquina de la calle.

- Y qué hacemos con la puta? Preguntó Ron.

- No creo que pueda irse ahora, la jodimos demasiado. Dijo Rafael.

- Pues yo me la quiero seguir cogiendo un poco más al rato.

- Yo igual. Podemos ponerle el collar y la cadena.

- Buena idea.

En eso entraron a la recamara, me colocaron un collar en el cuello que tenía un extremo de una cadena. El otro extremo lo aseguraron a un candado. Esto no era necesario pues yo no me podía mover del dolor y además me encantaba mi nueva condición de esclava de mis papis chulos. Tardaron media hora en regresar, pasó una hora más para que yo me sintiera un poco mejor y, entonces, comenzamos de nuevo. En total pasé una noche y un día completos fornicando con los dos caballeros.

Nunca olvidaré el gozo de aquellas horas de éxtasis sexual en las que conocí a mis amos. Con el correr del tiempo me hice novia y amante formal de Rafael, me mudé a su departamento y lo esperaba casi todas las noches en nuestro lecho de amor para complacerlo. Hacíamos trío con Ron varias veces. Rafael y yo rompimos hace unas semanas, pero eso no ha impedido que el me coja de vez en cuando. Ron me está cortejando y creo que me haré su novia dentro de unos días. Cabe mencionar que como no soy egoísta he compartido el amor de mis machos con mis amigas travesti, quienes han quedado extasiadas con las vergas de los caballeros y con su forma salvaje y apasionada de amar.

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