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Debo reconocer que de siempre he tenido, como explicarlo, mmmmmm, una atracción fatal por el sexo. Desde pequeña empecé a darme cuenta de los placeres que la naturaleza nos reservaba. Cuanto más crecía más quería conseguir. Así empezó todo. Al fin llegué a la Universidad, ese lugar donde nadie me controlaría, ya que me había pasado toda mi infancia y casi toda la adolescencia en un colegio privado. Al fin podría ser yo misma sin tapujos, sin uniformes. Además estudiaría algo que yo había elegido. Al principio me dedicaba a tontear con mis compañeros y con los de segundo, a provocarlos, a excitarlos; me gustaba vestir muy ajustada y con grandes escotes aunque tengo unos kilitos de más sé que si no tienes complejos puedes resultar muy sexi.

Pasaron las primeras semanas y me cansé de tanto ñiñato con las hormonas disparadas hacia las más tontas. Parecía la elección de Miss Pocas Neuronas, Mi Papá es millonario. Así que decidí abrirme caminos en los otros cursos. Pero el destino hizo que mis deseos se cumplieran en status superiores. Uno de mis profesores empezó a tratarme de diferente manera. Al principio pensé que sería porque destacaba por mi nombre (no muy común aquí en España) o por mi mata de pelo rubia que me llega hasta donde la espalda pierde su nombre.

No sé el caso es que tampoco quería tocar mucho ese tema ya que mis compañeros se dieron cuenta de ese trato y hacían bromas pesadas que no me agradaban aunque en el fondo me gusta la idea de poder provocar a mi profesor. Pasó el tiempo y me acostumbré a ser el ojito derecho de mi profesor. Una mañana me acerqué a su despacho para que me aclarara unas dudas. Llamé a la puerta, y muy educadamente pedí permiso para entrar. En ese momento llegó una compañera que también venia a tutorías. Entramos las dos.

Cual fue mi sorpresa cuando atendió primero a Laura y me ofreció su sillón para que me sentara mientras esperaba. Mientras explicaba yo comencé a observarle, no es muy guapo pero como decía una amiga mía, ¡tiene un morbo!, olía a hombre maduro y su cuerpo estaba totalmente formado. Nuestras miradas se cruzaron en más de una ocasión y yo decidí no pasarme de lista. Laura se fue y cerró la puerta al salir ¡estábamos solos! Se levantó y se me acercó. Yo permanecía sentada en su silla con los apuntes apoyados en mis piernas. Pasó por detrás de mí y me dijo, no seas tímida puedes utilizar la mesa para poder mirar los apuntes, mientras pasaba sus manos por encima de mí para agarrar las hojas y depositarlas en el escritorio. ¡Si alguien nos viera!

Estaba entre sus brazos, sentía su respiración en mi oreja, era acompasada, tranquila, suave y eso me excitaba. Percibía el calor de su cuerpo y todo su aroma lo que me excitaba más aún. Giró y se sentó frente a mí, me miraba muy tiernamente, lo que provoco en mi un sentimiento hasta hora desconocido. Dime en que te puedo ayudar, ¿qué te sucede?¿cuáles son tus dudas? Esas palabras me hicieron recordar el verdadero motivo por el cual estaba allí. Empezó su explicación, o por lo menos eso creo porque yo le oía hablar aunque mi mente estaba en otro lugar. Me imaginaba como seria notar sus manos en mi cuerpo, sus besos.

Entonces me llamó la atención y me dijo que cuando regresara de mi viaje por las nubes le avisara. Me puse como un tomate ¡qué vergüenza! Me pasó su mano por la mejilla y me dijo, no es para tanto, no te dé vergüenza. La verdad es que esta parte es muy aburrida y mis explicaciones aun más. Yo le miraba con ojos de deseo y de cariño. Su mirada cambió y yo note que algo iba a pasar. Comenzó a andar por el diminuto despacho. Y en un momento le note como al principio, detrás de mí rodeándome con sus brazos. No decía nada, pero su respiración se había vuelto más acelerada. Sus manos se apoyaron en la mesa, ya no me podía mover estaba atrapada entre él y aquel viejo mueble.

¿Tienes novio? No, respondí sin más. Si yo tuviera unos años menos...y no te diera clase... esas fueron sus ultimas palabras, sus labios me besaban todo el cuello, se deleitaban con el lóbulo de mi oreja, con cada milímetro de mi cara. Respiraba despacio, forzadamente, creo que para disimular su excitación. De pronto comencé a notar como sus manos pasaban ágilmente por debajo de mi corta camisa y rozaban mis pechos. Estaban hinchados, duros por el estado en el que me encontraba con tanta caricia. Me dio la vuelta y me sentó delante de él.

Cerró la puerta con llave y regresó. Yo ya había decidido ser yo misma, pasar de ser la niña buena y modosita a ser yo como mujer que sabia lo que quería. Le llame por su nombre de pila y le dije que se acercara que le deseaba, que quería que fuera él mismo que yo sabia que tenia mucho para dar. Se acercó. Me besó y me dijo, tranquila pequeña todo a su tiempo, me conocerás...te lo aseguro.

Deseaba tanto que llegara este momento. Sin más sus manos empezaron a subir por mis piernas, desde la rodilla hasta el muslo, despacio muy despacio. Pasaron por debajo de mi falda, yo llevaba medias de liguero elástico lo que le arrancó un gemido, le excitaba. Por inercia separé las piernas, dejando así camino para sus manos. Ya no aguantaba más me notaba toda mojada, mis fluidos resbalaban por mi vagina...le cogí las manos y las puse en mi pubis.

Me besó y enseguida entendió mi mensaje. Su ritmo se aceleró, de un tirón me arrancó la ropa interior, me empujó contra la mesa pero antes tiró al suelo todo lo que pudo. ¡El deseo se había apoderado de él!. Desabrochó mi falda y se deshizo de ella y lo mismo hizo con mi camisa. Yo quería hacer lo mismo con él, intenté quitarle los pantalones pero no se dejo y separando mis manos de su cuerpo me dijo, pequeña hoy vas a disfrutar tú sola. Así fue. Medio tumbada en la mesa recibí sus manos en mi coño húmedo, sus dedos abrieron mis labios y de un golpe seco me metió su dedo índice.

Ahhh...Ahhh...sigue...ahhhh...sigue así… Se arrodilló enfrente de mí y su boca se hizo hueco en mí. Me lamió y penetró con su lengua junto con su dedo, cada vez notaba más adentro su dedo. Pero yo quería más, quería que me lo metiera más y más. Fue como si me leyera el pensamiento porque cogió un rotulador que había en una esquina de la mesa y me lo puso en la entrada de mi vagina. Era muy largo y de unos dos centímetros de diámetro. Por favor no me tortures...Ahhh...métemelo, me retorcía de placer, empujó y tenía aquel objeto dentro de mí, me lo saca y metía con mucha fuerza, hasta dentro, me dolía pero me gustaba. A la vez me lamía y besaba los pechos, se los estaba comiendo literalmente. ¡Me corro profesor...! Venga pequeña córrete, así, venga, metía y sacaba el rotulador con más fuerza.

Me vino un orgasmo enorme, arqueé mi espalda de placer, quería descansar pero no me dejó. Abrió mis piernas y se las paso por sus caderas y me bombeo con los pantalones puestos. Yo notaba todo su miembro erecto, lleno de poder, quería liberarlo de los pantalones y mamarlo, no me gustaba el sexo oral pero ahora tenía la necesidad de haberlo... lo intenté pero él no me dejó. Me agarró más fuerte notando como su sexo se abría paso embutido en los pantalones. Se frotaba contra mí, arriba abajo, para delante para atrás, empujaba con fuerza como si me quisiera penetrar con la ropa puesta.

Tuve mi segundo orgasmo y creo que él lo notó por los espasmos de mi cuerpo. En un momento tuve las piernas en sus hombros y junto con sus manos me dejo que le quitara el pantalón. Era un juego raro pero excitante. Nuestras manos unidas acariciaron su pene. Entonces fue cuando descubrí el tamaño de este. Mi cara debió cambiar a una expresión de dolor al imaginarme la penetración con aquella cosa. Tranquila pequeña, me acarició y su pene me partía en dos. El dolor era inmenso, me quedé quieta, los movimientos de vaivén de mis caderas cesaron. Solo tenía dentro unos 5 o 6 cm y el dolor era insoportable.

Él también paró para que mi cuerpo se calmara. Estuvimos así quietos unos minutos, el placer hizo su aparición, tuve otro orgasmo gracias a que mi profesor me estimulaba el clítoris. Lubrifiqué aun más mi vagina y su pene siguió su camino, por lo que yo me animé a moverme despacio ayudando a que su miembro entrara. Su pene era realmente enorme, cosa que nunca me habría imaginado, larguísimo y de un diámetro, era el miembro de un gran toro semental. ¿Te duele pequeña?...ahhhh...dime... Su respiración era cada vez más entrecortada por lo que supuse que su excitación estaba llegando al borde, lo que me excito a mi nada más pensarlo.

Nos movíamos los dos acompasados, éramos un solo cuerpo. Pero yo quería correrme entre sus brazos no encima de un mueble inerte y frío. Ahhhh ....Necesito tu cuerpo, dicho y hecho, bajó mis piernas despacio para no dañarme, me alzó en volandas y sin dejar escapar a su miembro de la cárcel húmeda y caliente se sentó en el sillón, dejándome a mí encima de él con todo el cuerpo pegado a él.

Cuando me dejó caer noté como su pene se clavó aun más en mí. Gemí de dolor entonces me acarició y besó aumentando sin darme cuenta el ritmo de mis caderas. Con sus manos en mi cintura me hacía subir hasta que solo quedaba dentro de mí el glande para luego dejarme caer muy despacio y otras veces bruscamente, ese cambio de ritmo hizo que me viniera de nuevo. Eres fantástica mi pequeña, fantas hhhh tic hhhhh aaaaahhhahaa, él estalló he intentó retirarse yo no le dejé y empujé con todo el peso de mi cuerpo, notaba su leche por las paredes de mi vagina, por su pene rebosando....lo que me produjo otro orgasmo.

Seguí bombeando un buen rato pero entonces me desmonté aprovechando su estado de levitación y sin más introduje su miembro en mi boca. ¡Era una sensación diferente! Mi profesor reaccionó pero ya era tarde porque el placer que estaba obteniendo le doblegó a mis deseos. Chupaba como la más golosa de las mujeres. Me la metí hasta la garganta Mi pequeña. Mi pequeña, suspiraba de placer.

Levanté la vista para ver su expresión, su boca entre abierta, su sudor recorriéndole el cuerpo. Él estaba medio vestido porque hasta ahora no me había dejado tocarle, por lo que dejé de saborearle y mientras me rozaba con él le desnudé por completo. Su cuerpo olía a hombre, estaba sudado, su pecho era perfecto con un vello suave, le besé los pezones acaricié su espalda sus pechos, su abdomen, su cara, sus ojos... todos los rincones. Dio un brinco y me tenía de nuevo en volandas me apoyó contra la pared. Con una de sus piernas abrió las mías, su mano acarició mi clítoris a lo que mi cuerpo respondió con pequeños espasmos. Noté como sus dedos estaban dentro de mí, me estaban preparando para algo mejor.

Cuando pensó que ya estaba preparada, apuntó su miembro hacia mi entrada más íntima y como si tuviera vida propia su pene entró. Él estaba frenético, se movía muy de prisa y en cada embestida me aplastaba contra él con tanta fuerza que pensé que me iba a quedar clavada contra la pared. Notar como mis pechos rozaban con su piel como su sudor se mezclaba con el mío era fantástico. Una de sus manos, no se como, llegó hasta mi trasero y sin mediar palabra se introdujo en mi agujero virgen. Sus labios se abrieron emitiendo un breve sonido y un flechazo de semen me recorrió entera, bombeó fuerte más fuerte aun, noté su pene en mi útero. Los dos tuvimos un orgasmo increíble casi simultáneo. Cuando terminamos nos quedamos así sin movernos. Me desmontó y me besó y acarició. No me dijo nada me ayudó a vestirme y me peinó mi larga melena.

No nos dijimos nada, no era necesario. Yo salí del despacho de la forma más natural que pude.

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