| <<- Indice relatos | Recordando el oscuro pasado | |
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Doña Olga no podía creerlo cuando abrió el sobre que contenía la única evidencia existente de un obscuro pasado que había intentado olvidar durante años. ¿Cómo era posible que estos dos jóvenes tuvieran en su poder esa revista con las fotografías que hacía más de 25 años se había dejado tomar? Súbitamente le vino a la mente aquella tarde de septiembre cuando asistió a aquel reducido estudio fotográfico para llevar a cabo aquella sesión. En aquellos días ella no pensó en consecuencias, a sus 18 años no pensaba que alguien conocido podría tener acceso a esas revistas eróticas, así que había ido por propia voluntad, motivada por la emoción de hacer algo a escondidas a sabiendas de que era algo indebido, pero ni ella ni Claudia, Elena, ni Flor se arrepintieron de posar desnudas para esta publicación de circulación local, ni tampoco de haber aceptado la inclusión de modelos de sexo masculino. Aunque Flor había sido la única que se había animado a posar teniendo relaciones sexuales, las fotografías que Doña Olga se había tomado en aquel entonces eran comprometedoras pues aparecía mostrando descaradamente el sexo y masturbando a un modelo muy bien dotado, al grado que había una foto que la mostraba con manchas de esperma. - ¿De dónde sacaron esta revista? - preguntó Doña Olga. En esos momentos no entendía de qué se trataba la situación. Había ido a recoger a su hijo Ángel a la preparatoria y le intrigaba lo que estos dos amigos de su hijo pretendían. -Eso no importa, señora. -respondió José Luis - lo que importa es que la tenemos. - El delgado, pero atlético muchacho parecía hablar en serio. - N-no entiendo -dijo ella, nerviosa - ¿De qué se trata? -Creo que sí lo sabe, señora -añadió Andrés, que era el más corpulento. - Las fotos que aparecen en esta revista le traerían muchos problemas en su familia si las llegan a ver, además a su posición dentro de la “Asociación de padres para la conservación de las buenas costumbres”. Y nosotros podemos hacerlas de conocimiento de todos, claro, a menos de que hablemos de negocios. -¿De qué me están hablando?…ustedes son amigos de Ángel, ¿me están intentando decir que es un chantaje? -respondió Doña Olga, molesta por la situación que estaba percibiendo. -No “le estamos intentando decir”, señora. Le estamos diciendo que esto es un chantaje. - ¿Qué?… no lo puedo creer, muchachos… ¡son amigos de mi hijo! - Eso es lo que más nos apena, Doña Olga, que la mamá de nuestro amigo tenga un pasado tan vergonzoso… -dijo Andrés, en tono sarcástico. -¿Está bien, cuánto quieren?… - dijo Doña Olga, abriendo su bolso, y tratando de ser determinante. Al decirlo así, supuso que todo terminaría en una cantidad razonable con la que dos muchachos rebeldes podrían estar satisfechos, sin embargo, se sorprendió al verlos reír mientras se miraban el uno al otro. -No queremos dinero, señora - respondió José Luis. Doña Olga comenzó a sentir inseguridad por las ocultas intenciones que podrían tener los dos muchachos, a los que hasta hacía unos momentos había apreciado por ser amigos de su hijo. -¿N-no?… ¿entonces? -preguntó Doña Olga, aún pensando que tal vez podría ofrecer otra cosa de interés para ellos, pero en su cabeza comenzaron a aparecer ideas que ella pensaba que no era posible que pudieran tener estos muchachos. -Señora…creo que también usted sabe lo que queremos. - agregó José Luis. -No, no sé -dijo Doña Olga. Pensó que si ella los convencía de que no tenía idea de lo que hablaban ellos podrían avergonzarse y abandonar sus objetivos, pero no fue así. -Bueno, dijo José Luis. Queremos solamente tiempo. La queremos por dos horas, usted y nosotros en el Hotel del Valle. Doña Olga sintió horror al escuchar la respuesta de José Luis. ¿Cómo era posible que lo que siempre había temido ahora estuviera sucediendo y con dos jovenzuelos de la mitad de su edad y además de todo amigos de la familia? Pero todo era verdad, una verdad cruel, como las miradas de José Luis y Andrés, que ahora la miraban de arriba a abajo, apreciando su cuerpo como si fueran a comprarla. -No es posible que hagan esto muchachos. La respuesta de Doña Olga más que remordimiento causó hilaridad en los jóvenes, que comenzaron a retirarse del lugar, a carcajadas. -Llámeme, señora, usted tiene mi número…-dijo José Luis, como despedida. A pesar de que toda la situación parecía un mal sueño, Doña Olga sabía que ellos hablaban en serio, por lo que después de cuatro días tomó la decisión de llamar a José Luis. -¿Cuándo podemos arreglar ese pendiente? -dijo Doña Olga, tratando de parecer firme. - ¿Qué le parece mañana a las 10:00?…-propuso José Luis. A ella le pareció adecuado, pues a esa hora Ángel estaría en clases (donde también deberían estar Andrés y José Luis), y su esposo estaría trabajando. -Está bien. Ahí nos vemos. -Muy bien, quiero que lleve solamente un baby doll -respondió José Luis -¿Qué?… ¿cómo que un baby doll? -pero su respuesta ya no fue escuchada. José Luis había colgado. Doña Olga tuvo que buscar el único baby doll, uno de color negro, que le había regalado su esposo y que había usado solamente en la noche de uno de sus aniversarios de bodas. Al día siguiente, Doña Olga estuvo puntual en el Hotel del Valle, con una gabardina que la cubría y le daba una apariencia normal. Anticipadamente habían llegado ya Andrés y José Luis, en el auto de éste último, que sonrieron en cuanto la vieron en el estacionamiento. Así pues, Doña Olga acompañó a los dos muchachos a un piso superior, en donde los esperaba una habitación con una cama matrimonial, y de repente ella se percató de que además había unas lámparas y una cámara ya montada en un trípode. -¿Qué es esto?… nunca dijimos nada de esto… -dijo Doña Olga. -Doña Olga, acuérdese que tenemos ya una revista donde le tomaron unas fotografías. - dijo Andrés, que vestía una camiseta azul marino con dos líneas blancas en cada uno de sus costados. -Nosotros simplemente queremos tener nuestra foto también… de cualquier forma ya tenemos sus fotos, ¿le gustaría que su esposo la viera con lechita en las manos? -Pero ¿qué están mal de la cabeza? -reclamó Doña Olga - ¿no se dan cuenta de que esta es una actitud criminal?… ¿de delincuentes? además son amigos de Ángel, ¿cómo le pueden hacer esto? -Sí, pero Ángel además de ser nuestro amigo tiene una mamá con un cuerpo para comérselo - José Luis respondió mientras encendía la cámara y el flash automático -Andy, ¿le ayudas a Doña Olga a desvestirse? Andrés se había puesto detrás de Doña Olga y suavemente la tomó por la cintura, para después proseguir a desabrochar los botones superiores de la gabardina de la señora. Ella estaba en sus manos, y sabía que nada podía hacer, así que solamente apretó las mandíbulas mientras alzaba los brazos para facilitarle a Andrés que le despojara del abrigo. -¡Mírala Andy!… ¡sí se puso el baby doll la zorra!… -dijo burlón José Luis. Doña Olga se dio cuenta de que el comentario del baby doll lo había hecho el muchacho sin pensar que ella sí lo llevaría. Se arrepintió de llevarlo, además de que sintió vergüenza ya que la prenda dejaba ver sus atributos físicos a través de sus encajes. -Párese acá, junto a las cortinas -indicó José Luis, a lo que Doña Olga obedeció. De cierta manera recordó al fotógrafo de su juventud. - Deme una pose sexy - agregó José Luis, y ella simplemente se puso de costado, flexionó un poco las piernas, apoyando sus manos en los muslos y miró en dirección contraria, lo que inmediatamente le dio un aspecto natural. -¿A ver?… deme otra… José Luis hizo otras tomas de Doña Olga con el baby doll. Ella pensó que estos muchachos morbosos quedarían satisfechos con algunas tomas eróticas, sin embargo, todo estaba a punto de cambiar. -¡Bueno ya!… ¡échamela pa”cá!… -demandó Andrés, que para cuando volteó Doña Olga ya estaba sentado en la cama, totalmente desnudo y acariciaba su vigoroso miembro. -¿De qué se trata? - reclamó Doña Olga. – ¡Ya, ya, ya!… ya estuvo bueno, ¡ya sabe qué sigue! -gritó José Luis -quítese el baby Doll. Doña Olga se asustó un poco por los gritos, y obedeció a José Luis, para evitar que se exaltara más. Pensó que si ya la habían hecho ir allí no dudarían en hacer cualquier otra cosa. Quedó de pie frente a Andrés, que comenzó a masturbarse con más intensidad al admirar el cuerpo de Doña Olga. Después sintió las manos calientes de José Luis que tocaban sus glúteos, sin ningún pudor. -Qué rica está… -Ven… Andrés tomó extendió las manos para tomar las de Doña Olga, y la atrajo hacia sí, recostándose en la cama. Instintivamente, Doña Olga separó sus piernas, para quedar exactamente encima de Andrés, cuyo pene ya estaba en una imponente erección. Las manos de José Luis empujaron las nalgas de Doña Olga hasta acomodarla encima de la verga de Andrés que la sostenía vertical con sus dedos, y transpiraba desesperadamente. -No hagan esto… por favor… -suplicó Doña Olga. -No le va a doler… usted ya lo sabe -respondió José Luis, para colocar sus manos en los hombros de la mujer, y dirigirla hacia abajo, con lo que ella misma quedó empalada en la carne del joven. Andrés comenzó a mover sus caderas al contacto con la vagina de Doña Olga, que como respuesta dejó caer su cuerpo sobre el del muchacho. No podía evitar sentir placer al sentir esa verga que entraba y salía de su cuerpo. Andrés se agarró de las nalgas de Doña Olga, y las separó, dejando a José Luis un espectáculo difícil de igualar. La verga de Andrés entrando y saliendo, con el culo de Doña Olga hacia arriba. - A ver señora… mire para acá y sonría -ordenó José Luis. Doña Olga giró su cabeza, pero no sonrió, hizo más bien una mirada de desprecio a su fotógrafo, aunque luchaba por demostrar que le estaba gustando aquel singular coito con el joven. ¡Click!… sonó el disparador de la cámara. Andrés, abrazando el trasero de la señora, comenzó a eyacularle adentro, pero sacó su miembro y continuó descargando en el vello púbico de la mujer, que se decepcionó por la prematura eyaculación del inexperto muchacho. -¡Ooooaaaaaaaaahhhhhhh!… gritó Andrés al tiempo en que salían las últimas gotas del blanco líquido. -Bueno, ahora ven para acá José Luis -dijo Doña Olga, tomando de una vez por todas, el control de la situación. José Luis, todavía vestido, dio unos pasos hacia la cama. Sin embargo, Doña Olga lo desvistió bruscamente y después lo empujó hacia la cama, mientras que el muchacho se emocionaba. Su miembro, con una longitud mayor al de Andrés, pero más delgado, estaba ya en su apogeo. Doña Olga se sentó encima de José Luis, mientras Andrés tomaba el papel de fotógrafo, para proseguir comenzando a hacer algunas tomas. Doña Olga comenzó a aumentar la frecuencia del bombeo, mientras el muchacho se volvía loco en la cama. Era notorio que nunca había tenido relaciones con una mujer o que si lo había hecho había sido de manera apresurada y sin conocimiento, por lo que rápidamente Doña Olga logró que descargara toda su leche encima de la cama. Sin embargo, la ventaja que tenían los dos muchachos era su pronta recuperación. En cuestión de segundos José Luis ya estaba nuevamente con una erección que hacía ver su verga como el firme mástil de una embarcación. -A ver dame acá -dijo Doña Olga mientras se metía el bulto de carne en la boca. Andrés se acercó, mientras ella sencillamente levantó la pierna izquierda para facilitar la penetración vía vaginal. Una vez que Andrés y José Luis comenzaron a bombearla, Doña Olga comenzó a sentir que disfrutaba realmente de aquella sesión fotográfica, en la que ya no había fotógrafo, y simplemente se dejó llevar por los muchachos, hasta que sintió que se estremecía violentamente ella también. -¡Aaaaahhhhhhhhhhhhhhhhh!…- gritó…-mientras, Andrés acomodaba su boca en la vagina, para absorber sus néctares. Después de 3 rollos de fotografía, Doña Olga permaneció durante otras tres horas en la habitación, y finalmente la dejaron exhausta sobre la cama… completamente atascada de esperma. Los muchachos recogieron sus lámparas, cámara y equipo, y se retiraron. Esa noche, Doña Olga preparaba la cena para Ángel cuando llegó su esposo. -Pásenle muchachos, acá está Ángel -escuchó ella que decía - Seguramente han de estar hambrientos. Quédense a cenar. -Gracias -dijo Andrés, mientras pasaba al comedor -tiene razón, señor, estamos muertos de hambre. Tuvimos un día de mucha actividad. ¿A usted cómo le fue Doña Olga? -Me fue muy bien, Andrés -respondió ella - estuve recordando algunas cosas que ya se me habían olvidado. |
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