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Hacía un mes que no veía a mi amante, y aunque le dejaba mensajes en el correo electrónico no respondía. Me había mudado de apartamento, quería estrenarlo con él: así que le escribí, el primero de enero: “Hace un mes no tenemos noticias uno de la otra, te cuento que me mudé de domicilio. Tengo una cama doble a tu disposición para hacerte un masaje o para que duermas la siesta… Pero como mi hijo de 23 años está de vacaciones, viene a las horas más inesperadas al lugar con un grupo creciente de chicos y chicas. Así que mucha privacidad no podré ofrecerte, pero vale. Nadie tiene noticias más frescas que las tuyas desde el 1 de diciembre…Que te parece si me llamas y nos reunimos, mi móvil es el mismo… ¡Contesta este mensaje por favor… aaaaa!”

Pasaron los días tranquilos de inicio de año. El tres me levanté con impaciente necesidad de ver a mi amante o a cualquiera que me quitara la calentura. Mientras preparaba una taza de café, solo, enorme y bien cargado (vale la metáfora) y lo bebía despacio, maquinaba: Le haré un maleficio, con patas de esa arañita que cruza inocente por la ventana, con pelos de la gata y con mis fluidos matutinos… pero me dije, conviene hacer esto en casos desesperados y este no es el mío, puesto que tenía tres amantes de repuesto a la vuelta de una llamada de mi móvil. Pero no quería acudir a ninguno. Solo deseaba al de turno, azares del destino. Conviene enviarle el embrujo amenazante vía correo electrónico, era la única vía segura, pero puede asustarse. Decidí enviarle amenazas telepáticas entre sorbos de café.

En la tarde me dirigí a la biblioteca pública a entregar unos libros y recoger otros, con tanto desocupe me fui caminando para poder entretener la tarde. Así que me quedé allí leyendo un rato, sin jóvenes oyendo música a alto volumen era un cambio agradable. En un momento miré mi móvil, que en silencio vibraba y encendía con furia la pantalla. Era mi amante que me saludaba: Hola, Florángela, llevo varios días llamándote y no te encontraba.

Acabo de abrir mi correo electrónico y leí tu mensaje. ¿Qué tal si vienes por mí, estoy en la cafetería de siempre? Tomé un taxi y llamamos al apartamento, nadie respondió el teléfono, buena señal. Al llegar sentí la famosa música y la perita en dulce de mi hijo abría la puerta diciendo: Mamá, qué sorpresa, acabamos de entrar.

Las presentaciones de rigor y luego. - Necesitas el equipo de sonido o el computador. ¿Necesitas silencio? - No, tranquilos, sigan en lo que están. Fuimos a la cocina, pondré agua para el café, ¿quieres? Lo serví y yo empecé a bajar la mano por su paquete. Dejó la taza a un lado y comenzó a besarme en la boca con ansiedad y metió la mano en mi coño caliente. Le dije, tranquilo, se enfría. Así que tomó la taza otra vez y yo me arrodillé en el suelo y bajé la cremallera de su bragueta con los dientes, él se puso tenso y me dijo, ¿si vienen? Yo me reí bajito, él se acercó a la entrada de la cocina, que no tiene puerta para más señas y me dijo ellos están muy entretenidos también mira; y vi a mi hijo acostado encima de una nena a quien besaba sin tregua.

-Sigamos.

Terminé de abrir la cremallera y salió un bulto enorme, que saqué del bóxer con las manos y apareció intacta la verga de mis sueños. Así que le hice los honores con mi boca, mis labios, mi lengua y ayudando con mis manos y uñas en los huevos. Él estaba encantado y a la expectativa de que no viniera nadie. Él se reía y me susurraba, eres una zorra, te encanta el peligro. ¿Recuerdas la vez de la biblioteca? (Pero esa es otra historia). Yo no podía responder pues tenía la boca llena. Así estuve un rato mamando hasta que me dieron ganas de hacer algo más y le dije: “Voy a ponerme una falda y me sentaré encima del mesón quiero que me chupes cómodamente.” Pero él me dijo: Vamos a la habitación ellos no quieren vernos.

Pasamos con sigilo hacia allá y vi a mi hijo que seguía en una posición cada vez más atrevida sobre la nena. Y a sus amigos diciendo: ¿no le harás un niño cierto? Y bromeando. A esa edad, yo también me besaba y manoseaba descaradamente delante de mis amigos de panda. Entramos a la habitación y me quité los jeans, mi amante me cargó y me recostó con la cuca en el borde de la cama, se arrodilló y comenzó a besar y morder mis muslos despacito, luego subió más y saludó mi coño mojado y oloroso con lengüetazos despaciosos y adorables. Entre tanto seguía sobando su polla, que no estaba al alcance de mi mano.

Me hizo la miné con delicia hasta que acercó su polla a mi cuquita y la acarició con ella haciéndole el violín, y dijo ¿quieres sentirla adentro? Yo no podía ni hablar de la arrechera y le dije sss-i. Me acomodo mejor en la cama y me penetró suave primero y poco a poco aumentó el ritmo. Como a mí me gusta. No en vano nos conocemos de autos desde hace ya dos años. Yo me sentía muy bien atendida por mi caballero que acudió a mí con premura. Después de varias subidas mías al cielo él dijo, querida debo hacerlo, perdóname. Y emitió un largo quejido de placer y me llenó con su leche. Me acarició suavemente la espalda y dijo, bueno querida espero que estés bien servida porque yo quedé exhausto y me voy.

Yo sonreí con dulzura, igual me pasaba. Seguimos abrazados un rato, luego me pidió que le trajera un brebaje que siempre preparamos para estos casos: un batido de bananos maduros con leche, miel y almendras (es una aproximación tropical a la receta que tomaba un sultán que atendía a 20 mujeres cada noche).

Lo preparé de inmediato y lo llevé a la cama para comerlo con pastelillos de pistachos turcos, y estábamos comiéndolo suavemente cuando él me dijo: acércate más. Yo estaba a su lado, él quería que me sentara encima, abrí mis piernas para acomodarme y él puso parte del brebaje en mi cuquita y empezó a besarme y a tomarse mis jugos mezclados. Yo me reí, le puse de igual manera la leche espesa en su polla y empecé a chupetearla, cuando ya estaba bien grande me dijo siéntate encima. Quiero abrazarte otra vez.

Yo le pregunté, ¿no estabas ya a punto de irte? y dijo si, pero para el próximo polvazo. Me senté allí y dirigí toda la operación, en un momento me volteé dándole la espalda, él me acariciaba las nalgas y metía su dedo en mi culo, en penetración doble, se levantó y me atrajo hacia sí. Me dijo al oído ven que quiero cogerte en cuatro. Me levanté y me acomodé con las manos sobre el colchón y el culo al aire para que entrara por mi cuca caliente y hambrienta.

Me encanta esta postura, es como si te cogiera alguien desconocido, siempre puedes imaginar que es otro, porque no le ves la cara. Pero él se encarga de que yo sepa quién está conmigo en esos momentos.

Luego volvimos a la posición de frente para poder besarnos, mirarnos a los ojos y decirlos las verdades. Como yo estaba picada por su ausencia y en ese momento me sentía muy bien le dije: ¿Por qué será que cada vez que estoy follando con un hombre siento que él es el único que existe? Él se sintió picado y comenzó a “castigarme” como suele hacerlo, mientras me susurraba al oído, “perra, desgraciada, eres una perra” y me penetraba con todas las ganas como embistiendo mis entrañas y luego me hacía una penetración tan delicada y suave solo con la puntita, para hacerme sentir que estaba con él yo me quejaba suave y él me decía te gusta eres mi perrita, ¿con quien estuviste en estos días?

Yo le contestaba ya te dije que las noticias frescas las tenías tú, y seguíamos follando como desesperados, hasta que vi las estrellas y él también. Tomamos más del brebaje sagrado y conversamos despacio cuando él empezó a decir de memoria y a viva voz un bello poema:

“Déjame libres las manos
y el corazón, déjame libre!
¡Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!
No es amor, es deseo que se agota y se extingue,
es precipitación de furias,
acercamiento de lo imposible,
pero estás tú,
estás para dármelo todo,
y a darme lo que tienes a la tierra viniste,
¡como yo para contenerte,
y desearte,
y recibirte!”

Yo quedé maravillada, nunca había escuchado esas palabras que con esa voz sonaban dulces, armoniosas e invitadoras. Le dije que bello poema, ¿es una improvisación tuya? Y me dijo, no es un Poema de Pablo Neruda. Y lo repitió y dijo que quería tomar una ducha para irse. Le contesté que no podía, que recordara a mi hijo y sus amigos. Cuando abrí la puerta el muchacho se había encerrado en la habitación con la nena y los amigos seguían en su música. Traje una toalla limpia, agua tibia y jabón y empecé a asearlo como se hace en el Japón después del sexo. Y estaba en tal función cuando empecé a ver la polla creciendo de nuevo y le dije: Querido qué te pasa y me dijo que quieres que haga con tanto sobijos y tú tan bella.

Dime cuántos años tienes, mujer. Y le respondí: Tú sabes cuantos son: diez años más que tú. Y el contestó: Tienes cuarenta años. Que maravilla de mujer. Quien te ve, con tantos años y tan caliente que eres. Ven acá y me tomó esta vez con suavidad y caricias en el cabello, la espalda, besándome con suavidad la nuca y abrazándome despacito, echándome saliva en la cuca con su mano y me dijo quieres sentirla adentro y la puso en mi mano para que la sintiera caliente y dura. Le dije bueno que se puede hacer. Y empezó a meterla despacio otra vez. Adentro. Y me susurró, Qué mujer tan caliente. Y le contesté, no te creas no es tan fácil convencerme. Y me contestó: claro que sí, solo basta con tocarte. Pero solo funciona contigo.

Y dije no vas a echarme nada adentro y contestó, con el brebaje mágico siempre se forma nueva leche dentro de mí. Y seguimos murmurando y moviéndonos por largo rato hasta que me dieron unos temblores muy raros e incontrolables y unas ganas de gritar incontenibles y él se apresuró a besarme en la boca para contener mis gritos dentro de sí, pero esto era contagioso puesto que los temblores le dieron a él también y la cama empezó a sonar y gemíamos en silencio y en secreto. Luego nos besamos despacito y continuamos abrazados por largo rato.

Al final él dijo, me visto y entro al baño y me hago el aseo yo mismo porque como ves no me resisto a tus encantos. Quedamos para el día siguiente. Él me llamaría después del mediodía para concretar la hora. Era un tratamiento de última hora porque empezará una abstinencia de mi carne a partir del día de reyes, por lo menos por tres meses, así lo afirma él. Como buen católico piensa confesarse el cinco de enero, quedamos también para ese día dependiendo de la hora de la confesión ....

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