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A veces me sorprende como las ideas o las preferencias que una persona cree firmemente indisolubles se derrumban con la mínima influencia de un acontecimiento determinante, un si o un no como elección para continuar un camino que se bifurca en dos direcciones. Digo esto por que lo que a continuación voy a relatar, cambió la estructura básica de mi vida, mi concepto del amor, relaciones entre personas y diferencias entre las mismas. Me llamo María. Soy de una ciudad del norte de España. Tengo 25 años. Aún estoy estudiando la carrera y tengo varias actividades extra a lo largo de la semana. Una de estas actividades es la de formar parte de una asociación cristiana de la que soy miembro desde que tengo nueve años. En ella formamos a los chicos que tomarán la primera comunión cada año, organizamos actividades como excursiones, fiestas de la parroquia, etc. Aunque formamos parte de la parroquia, he de admitir que no seguimos con fe ciega lo que se dicta en ella. Quiero decir con ello, que somos un grupo de amigos que tenemos como nexo de unión el haber hecho la preparación a la comunión en la misma parroquia y después no quisimos perder los lazos del grupo, como tampoco lo hicieron los que nos enseñaron a nosotros. Anoto esto porque las ideas dentro del grupo son muy variadas, pero de tendencia liberal. Hay parejas hechas dentro del grupo y dudo que practiquen la abstinencia que promulgan los órganos eclesiásticos. Incluso llegó a mis oídos que una de las chicas practicó un aborto el año pasado. También solemos pasarlo bien y eso incluye el emborracharse en alguna juerguecilla, o tomar alguna cosilla prohibida (algunos de los miembros del grupo entre los cuales no me incluyo). Por lo que a mí respecta, me considero una chica de costumbres bastante conservadoras. No tengo novio, pero no considero adecuado el tener relaciones esporádicas sin un vínculo de noviazgo. Me acerco bastante a las posturas que imparte la iglesia, pero sin sus radicalismos. No soy virgen porque tuve un novio durante dos años, el cual no tuvo la suficiente madurez de rechazar en un momento dado una tentación momentánea, por mucho que estuviese como el mismo argumentaba "borracho". Su error fue caer cuando había demasiada gente conocida. Respecto a mis tendencias, no soy racista ni homófoga. Pero quizás en este último punto, desde mi actual punto de vista, si que lo era antes, ya que las relaciones entre personas del mismo sexo me parecían respetables, pero absurdas y antinaturales. No podía evitar los chascarrillos y bromas sobre el tema y los típicos chistes sobre el tema como tampoco la manida frase de "Hay que tener estómago para acostarse con otra tía", "ni loca, vamos". Desde luego, aunque no me considero una top model, ni la típica guapa del lugar, creo que tengo suficientes armas para seducir a un chico. Soy morena, de metro y setenta centímetros, se complexión media, pecho grandecito, aunque no demasiado extremo (una cien). Como piropo destacaban los chicos de mí la redondez de mi culito. Así pues, el año pasado, todo el grupo decidió hacer un viaje de una semana a los alpes franceses con los chicos a los que impartíamos catecismo. Era un viaje proyectado hacía tiempo y se llevó bastantes críticas por su elevado coste. Por lo que quedó muy diezmado en el número final de personas que fuimos. Al llegar a la estación invernal, nos informaron que las habitaciones no iban a ser de cuatro y tres plazas en su totalidad, como se había acordado porque una excursión anterior que tenía previsto marcharse ese día decidió quedarse tres días más. Así que se nos asignaron cuatro habitaciones de dos plazas de cama matrimonial de las doce en total. Tras las protestas con la gente de recepción en las que solo sacamos la conclusión de que o era eso o largarse a la calle, pasamos a la re-distribución de las habitaciones. Yo tenía pensado quedarme en la habitación con mis amigas Sonia y Helena, pero a ellas les tocó una de las habitaciones pequeñas, por lo que yo quedé desparejada. Al final, se me asignó a otra habitación con una chica llamada Tere, a la que no conocía muy bien, porque había llegado al grupo hacía poco, pero no me hacía gracia dormir con ella y en una sola cama, sobre todo después de haber oído lo que se murmuraba sobre ella, en relación a su expulsión de un colegio de monjas tras haberla sorprendido en los baños dándose el lote con otra. También volaba la "leyenda" que cierto día, al llegar su madre a casa y encontrársela con otra chica en la cama, esta salió al rellano gritando a viva voz ¡Mi hija es una lesbiana! Decidí tomarme estos comentarios como el simple bulo que siempre se crea cuando alguien aparece como novedad en un grupo y se especula demasiado con su pasado o las circunstancias de sus problemas. Lo cierto es que vi ciertas risitas en mis compañeros hacia mi y comentarios tipo "Como te lo vas a pasar esta noche", "ten cuidado que no te pase esa a la otra acera", etc. Fuese lo que fuese, yo estaba allí para esquiar y pasármelo bien, y así lo hice. Me pasé lo que quedaba de día en las pista y disfruté como nunca. Todo había sido perfecto hasta que otro esquiador se abalanzó contra mí haciéndome caer y recibiendo una contusión en el hombro derecho, por lo que decidí que era el momento de volver al hotel. Después de la cena nos reunimos todos en el salón del aparta-hotel y estuvimos charlando y bromeando hasta las diez. Luego nos fuimos a una de las habitaciones grandes y sacamos unas botellas de whisky, vodka y ron que compramos en el pueblo y estuvimos un par de horas tomando algo. Hubo quien salió de allí tropezando con todo sin rumbo por la melopea que cargaba. Yo había tomado un poquito y estaba algo contentilla. Por lo menos eso me había hecho olvidar el molesto y continuo dolor del hombro. Al fin decidí marcharme a dormir y detrás de mi vino mi compañera de habitación, de la que en ese momento me di cuenta que no le había cruzado ni palabra desde que llegamos allí. Entramos a la habitación y tras sostener una charla bastante banal dado el poco trato que manteníamos normalmente, decidimos acostarnos en la cama. Al comenzar a ponerme el pijama me percaté de que ella se estaba quitando también la ropa, pero al darme la vuelta, vi que lejos de ponerse un camisón o pijama, se encontraba de pie vistiendo un pequeño tanguita negro. No pude evitar fijarme en su cuerpo, bastante bonito, con un pecho más grande que yo, aunque un poquito más caído y un culito muy definido y bonito aunque un poquito más ancho que el mío. Se había soltado el pelo y lucía una media melena de aspecto castaño y liso. En ese fugaz instante que me quedé mirándola, me di cuenta que lejos de haber sentido repulsión, sentía interés por verla, lo que me produjo una irritación bastante fuerte. De todas maneras, me controlé y le dije de una forma un poco cínica, ya que lo que pensaba era que quería sobarse contra mi: -¿Pero eres capaz de acostarte así con el frío que hace?A lo que ella contestó: -Pero si aquí no hace frío, más bien calor por la temperatura a la que tienen la calefacción. Además, siempre duermo así, Espero que no te importe, aunque si lo prefieres, me pondré algo. -Turbada por el hecho de haber esgrimido un argumento bastante idiota ya que en la habitación podíamos esta tranquilamente a veintidós grados centígrados, solo pude contestar: -No, no -sin saber como salir del atolladero - no me molesta. Me acosté con la idea fija de que aquella chica intentaba camelarme, por lo que me decidí a mantenerme en guardia en todo momento. Tal vez por eso y la lesión que arrastraba, una hora después aún no había podido llegar al sueño y no paraba de dar vueltas. De pronto, Tere encendió la luz y me preguntó que me pasaba. -Este hombro, que me duele. Choqué con otro esquiador hoy -respondí yo. -Enséñamelo, a ver si esta muy inflamado, porque en ese caso sería mejor que fueras a un servicio de urgencias, en caso contrario, te puedes pasar el resto de la semana doliéndote. No sabia que responderle y la verdad es que no podía parar de fijarme que al incorporarse en la cama tenía sus pezones enormes, gorditos y de un color oscuro. Poco a poco sentí que la saliva me fluía más y que tenía solo un pensamiento de meterme en la boquita uno de ellos y lamerlo. Traté de esfumar esa idea y aún así, respondí titubeando: -No, no... deja, si tampoco es para tanto... si no... -Nada, dejame ver, porque si no, no me vas a dejar dormir en toda la noche. Te haré un masaje, que tengo ahí una cremita muy buena para las contusiones. Quítate la camiseta del pijama, venga. Sintiéndome fatal, me quité la parte de arriba, pero crucé los brazos sobre mi pecho. Ella se percató, pero no me dijo nada. Comenzó a dar el masaje y desde luego, se le daba muy bien. Al cabo de unos minutos, la zona afectada comenzó a aliviarse y en mi relajo, solté los brazos. Al hacer esto, ella se acercó más a mi, tocando sus muslos contra los míos y pegando su pecho a mi espalda. Así continuó un par de minutos más hasta que de pronto, sus manos comenzaron a bajar un poco mas hacia mi pecho, cosa de la que me di cuenta, pero que tampoco me importó porque en aquel momento me encontraba tan relajada y a gusto como si estuviese en una nube. Al ver mi pasividad, bajo más el recorrido hasta controlar con sus manos todo mi pecho. Ya solo me masajeada los senos, moviéndolos constantemente y no solo se conformaba con eso, sino que además, me daba pequeños besitos sobre la nuca que me hacían derretirme de gusto. A continuación, se colocó hacia mi lado derecho sin dejar de estar pegada a mí y bajó una de sus manos por mi ombligo suavemente, tocándolo finamente con las puntas de sus dedos, y creándome un placer estremecedor. No sabía lo que me pasaba y me debatía entre sentirme como una caldera a punto de explotar y un pensamiento constante de "¿pero que estas haciendo, loca?". En ese instante, Tere llegó a su objetivo, metió su mano por debajo de mi pantalón y mis braguitas, y entonces confirmó el grado de excitación en el que me encontraba, cuando humedeció su manita completamente. Ella solo me miró y sonrió. No dijo nada más. Pasó a quitarme rápidamente lo que me quedaba de ropa, abrió un poco mis piernas y metió uno de sus dedos dentro de mí. Aunque no era la primera vez que me lo hacían, el verme en esa situación extrapolaba mi placer, sobre todo al sentir que me añadía otro dedito más mientras subía y bajaba deslizándoos en mí. Yo solo quería incorporarme un poco porque tenía unas ganas irresistibles de meterme sus tetitas en mi boca, pero ella me lo impedía poniendo sus manos sobre mi pecho. De pronto, fue ella la que se tendió a mi lado y sin quitar sus manos de mi interior, llevó su boca a mis pezones, alternándolos en sus constantes besos y lametones mientras yo me retorcía de gusto y apretaba mi boca para no gemir incontroladamente. Estuvo así un ratito, hasta que de pronto se acercó a mi cara, acercó sus labios a los míos y nos dimos un largo beso retorciendo nuestras lenguas mientras yo me retorcía en el primero de mis orgasmos de la noche. Fue genial. Tere se incorporó un poquito, se acercó a mi oído y me susurró: -Ya he visto que tienes el peluche un poco peludito, ahora quiero que veas como es el mío. Se bajó la tanguita y pude ver su pubis tocado solo con una pequilla tirita de vello En su centro. Me cogió la mano y la acercó a su entrepierna. Me vi sorprendida de cómo yo misma comenzaba a meterle los deditos como si lo hubiera hecho toda la vida. Entonces me acordé de la cuenta que tenía pendiente con ella, sus pezoncitos, así que dirigí mi boca hacia ellos y los lamí y besé como si fuesen un dulce pastel. Así estuvimos un rato hasta que ella se incorporó de la cama de un salto, se fue corriendo al baño sin decir nada y al cabo de veinte segundos reapareció por la puerta con las manos ocultas detrás de la espalda. Se acercó a mi, puso sus rodillas sobre la cama y me dijo simplemente: -ábrete... Lo cierto es que me asustó, pero en ese momento todo me daba igual, por lo que abrí mis piernas. Fue en ese momento cuando vi lo que ocultaba. En sus manos, llevaba un tubo de desodorante roll-on con un tapón de forma ovalada. Se lo metió en la boca y comenzó a chuparlo y lamerlo hasta que lo dejó bien untadito de saliva. Yo sabía lo que iba a hacer, no quería que lo hiciese, pero a la vez lo deseaba. Así fue, ella bajó el tubo hasta la entrada de mi vagína y comenzó a introducirlo. Al principio yo la frenaba un poco tomándola del brazo para que no lo metiese demasiado rápido, pero una vez que lo introdujo y mi vulva se dilató, me abandoné al placer, dejándola a ella toda la responsabilidad. No tardé mucho en tener un orgasmo brutal, después del cual, quedé extenuada en la cama, pero Tere quería más y rápidamente se colocó con sus piernas entre las mías, juntando nuestros labios vaginales y frotándose a un ritmo infernal. Puede que fuese el morbo de estar en aquella situación tan anómala para mí, pero este tercer orgasmo supera a todos los que he tenido jamás. No pude aguantar el gemido profundo que me salió del alma antes que las dos nos quedásemos tiradas sobre la cama completamente muertas de cansancio. El resto de la semana nos lo pasamos jugando juntas por las noches y haciéndonos las tontas durante el día pasando la una de la otra. Desde aquella semana, jamás he vuelto a tener un encuentro con una chicha, ni pienso buscarlo, pero si se me pone en bandeja como en esta ocasión, no creo que pueda resistirme. |
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