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Acabo de entrar a la discoteca y me dirijo a la barra dispuesto a pedir algo refrescante, el calor es terrible este año en Madrid. Son las dos de la mañana y el termómetro marca más de 30 grados. Estoy sudando y sueño con una cerveza helada. Desde la barra miro hacia la mesa de siempre y allí esta sentada, mirándome. Está preciosa. Ya no es una mujer excesivamente joven, pero es guapísima. Esos ojos tan grandes y esa boca roja, son toda una provocación. Nadie puede resistirse a esa cara.

Me ha hecho un gesto para que me aproxime. Según me acerco sigo maravillándome de lo bella que es y lo especialmente guapa que la veo esta noche. Ese vestido corto, enseña unas piernas fuertes, bien formadas. El vestido tiene un generoso escote que muestra la parte superior de unos pechos grandes, que invitan a los pensamientos más lujuriosos. Cuanto más me acerco más me gusta.

- ¿Pensabas beber solo? - Pues si tú tienes otros planes, beberemos juntos - Me gustaría tomar algo fresco - ¿Te pido también una cerveza fría? - Me parece bien, me apetece mucho

Me acerqué a la barra y pedí dos cervezas heladas. Volví a la mesa y me senté a su lado. Podía sentir su aroma, no su perfume, iba muy poco perfumada, era otra cosa. Era el olor de su piel, que era especial. El olor a una piel limpia de mujer es un olor muy embriagador, y el suyo es además sugestivo.

Empezamos a charlar de temas irrelevantes, pero la conversación pronto terminó en un tono mucho más tórrido, no somos adolescentes y si nos apetece una relación, no nos andamos ya por las ramas.

Me acerqué y la besé suavemente a lo que ella respondió con un beso mucho más apasionado en el que nos fundimos los dos.

La atraje hacia mí mientras continuaba besándola y mi mano empezó a bajar por su espalda, acariciando cada centímetro de ese cuerpo que se me estaba entregando. Seguí bajando y metí la mano debajo de su falda buscando acariciar ese culo que tan provocativo se mostraba hoy con esa falda tan ajustada.

Era un culo duro, terso y lo acaricié como queriendo confirmar que era mío, apretándolo suavemente para seguir bajando, mientras buscaba el canal que las nalgas me ofrecían bajo esos tangas. Era como un camino que me marcaba el rumbo.

Por su parte ella no perdía el tiempo, me había bajado la cremallera del pantalón y había metido la mano dentro para agarrar mi polla, mi miembro, duro ya como una piedra. Afortunadamente, la luz de la zona es muy tenue, y la mesa está un poco apartada, si no ya nos hubieran llamado la atención.

Mi mano ha llegado a su culo y estoy jugando con ese agujerito. Un dedo intenta meterse dentro, pero aún es rechazado por lo que llevo el dedo a su boca para que lo moje e inmediatamente vuelvo a la carga. Ahora entra mejor y mientras penetra esa cavidad, hace movimientos circulares, lo que le arranca el primer gemido. Como le gusta insisto y meto otro dedo más en ese culo rendido, mientras sigo con los movimientos que tanto la excitan.

Ella ha acelerado el movimiento de sube y baja en mi polla, al mismo tiempo que aumenta su excitación.

- ¿Nos vamos? – le digo - No llegaría muy lejos – me responde- quiero follar aquí - Vamos al baño entonces – le respondoNos dirigimos al baño de señoras y entra ella primero. Sale y me dice que está despejado, que podemos entrar. Entramos en una de las cabinas y cerramos con pestillo.

La siento en una taza y le levanto la falda, apartando el tanga hacia un lado, empiezo a jugar con su clítoris. Cada golpe con la punta de la lengua, es un suspiro, un torrente de placer que le recorre el cuerpo. No se cuanto aguantará. Se pone de pie y se quita el tanga. Me sienta a mí en la taza y me baja los pantalones.

Oímos como entra alguien y en ese momento se agacha y se mete la polla en la boca para empezar a chuparla con ansia, como si estuviéramos follando oralmente. Es impresionante el placer que me está proporcionando, me veo flotando y cada vez se incrementa. Ahogo los gemidos para que no me escuchen las otras mujeres que están en los baños de al lado, aunque algo deben estar oyendo.

- Para – le digo- que no lo aguanto más - Métemela – me dice

Dándose la vuelta se sienta encima de mí y se la va metiendo muy despacio, hasta que nota que esta perfectamente encajada. Empieza muy despacio a subir y a bajar sobre mi miembro, gimiendo cada vez que acaba sentada del todo sobre él. Meto la mano debajo de la blusa del vestido y agarro esas tetas tan hermosas. Agarro los pezones y le acaricio los pechos. Le voy besando el cuello. Ella sigue con su movimiento de subir y bajar. Se empieza a acariciar el clítoris.

Tardamos muy poco en conseguir nuestro objetivo. Sus movimientos se aceleran, y el orgasmo nos llega de manera explosiva. Sabemos que hay gente fuera, pero no puede contener los gritos de placer. Se convulsiona prácticamente, mientras vuelve la cara buscando un beso que le impida gritar más. Nos fundimos en ese beso que marca el orgasmo más fuerte que he tenido nunca. Es una sensación idílica, mientras llego al orgasmo, la beso apasionadamente, con una sensación no física. Si existe el paraíso debe ser algo así.

Cuando terminamos, nos quedamos un rato aún sentados son nuestros miembros aún enlazados y besándonos suavemente, muy despacio, agradeciendo al otro el placer recibido. Al cabo de un rato, cuando ya no se oye a nadie salimos de la cabina y al salir del baño, hay risas contenidas y miradas cómplices entre algunas usuarias del baño. Nos dirigimos a la mesa.

- ¿Dónde has aparcado el coche? – Me pregunta - Donde siempre – le respondo - Pues si te parece nos vamos - Cuando tú quieras- le digo yo

Nos levantamos y salimos del local. Caminamos en silencio hacia el coche saboreando aún el placer que hemos sentido.

- ¿Sabes una cosa? – Me dice - Dime - Esto me ha gustado más que la del ascensor del otro día, aquí había más morbo. A ver la próxima donde la montamos.

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