Relato porno. Mostrando mis tetas en el tren.

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Hola, me da mucho gusto que se haya publicado mi primer relato y agradezco los comentarios que me han escrito; el haberlo compartido ha hecho que disfrute aún más de mis experiencias exhibicionistas e imaginar que hay personas que comparten el agrado por lo que hago es algo que me excita muchísimo y me incentiva a compartir más experiencias con ustedes.

Mostrar mi cuerpo por las calles y provocar deseo a mi andar es algo que me gusta mucho. Por tal motivo, siempre trato de vestir con la ropa más ligera y vaporosa que encuentro en las boutiques. Tengo un pequeño vestido que me gusta mucho, yo lo describiría como indiscreto, es de color rosa con un estampado de flores en color fucsia; me agradan los colores llamativos porque combinan con mi piel clara y porque me hacen destacar en cualquier sitio.

Digo que el vestido es indiscreto porque la parte de la falda es muy corta y revela mis largas piernas hasta los muslos en cada paso que doy. Pero el detalle verdaderamente pícaro del vestido es el escote en “V” que llega hasta la parte más baja de mis senos. Si no coloco algún ganchillo o prendedor, es muy probable que deje ver completamente mis tetas; no es que el vestido sea de puta, de hecho creo que tiene un corte más bien conservador, lo que pasa es que está diseñado para mostrar la lencería femenina que comúnmente cuenta con detalles y aplicaciones lindas.

Obviamente a mí me encanta usarlo sin nada debajo y casi nunca utilizo ningún prendedor para sujetarlo, en lugar de eso, lo combino con un ligero sweater de algodón de manga corta que se amarra al frente con un par de cordones.

Como constantemente debo viajar a la centro de la ciudad y no me agrada nada la idea de pasar horas inmovilizada en el tránsito dentro del auto, opto por viajar en transporte público. Es una excelente oportunidad de mostrar mi figura a un sinnúmero de personas que viajan en él y de disfrutar haciéndolo.

En cierta ocasión, después de haber comprado unos libros y de haber recibido toda clase de lujuriosas miradas a mi andar, me disponía a abordar el tren de regreso a casa. Cuando subí a vagón, como es costumbre, no había ningún asiento disponible. Así que me recargué junto a la puerta esperando estar más cómoda puesto que el viaje es de más o menos 45 minutos.

Ese día traía puesto el vestido que les comenté anteriormente y no hace falta mencionar que mi presencia no pasó desapercibida ante los hombres que estaban en el vagón. No había ni arrancado el tren cuando un joven como de 18 años me ofreció su asiento. Es sorprendente como los hombres no se molestan en ceder su asiento a las personas discapacitadas o de avanzada edad, pero con las chicas lindas se desviven para quedar bien.

Miré al chico a los ojos y le agradecí con una sonrisa; de inmediato se le subieron los colores al rostro no sé si por mi agradecimiento o porque todos en el vagón notaron que él me cedió su asiento sólo por mi atuendo. El chico, aún con la cara enrojecida, se colocó de pie delante de mí y se sujetó del pasamanos superior del tren; por un instante, me pareció que se jactaba ante los demás pasajeros del tren por haber sido todo un caballero frente mi.

Me pareció muy divertida su actitud y decidí premiarlo un poco por su atención conmigo. Coloqué los libros que acababa de comprar sobre mi regazo y fingí un poco de calor para desanudar los cordones de mi sweater. De reojo pude notar que al chico se le salieron los ojos de sus órbitas cuando hice eso, puesto que obviamente notó el espacio entre mis pechos a través del escote; también pude notar los pocos discretos movimientos que hizo para ocultar su evidente erección.

Así pasaron un par de estaciones y yo sabía que el muchacho no quitaba la vista de mis redondos senos. Me recargué ligeramente sobre mi costado izquierdo como preparándome para tomar una siesta durante el viaje, bajé la mirada y pude ver que la areola de mi pezón izquierdo se asomaba debajo del escote y que el sweater desanudado no la cubría; estoy segura que el chico vio lo mismo que yo y eso desencadenó la excitación en mí. Cerré los ojos y dejé que el movimiento del tren se encargara de lo que era inevitable.

Mis pezones se endurecieron de inmediato con la sola idea de que en cualquier momento el escote del vestido terminaría por ceder y el chico se llevaría a casa la historia más caliente de su corta edad. Yo tenía parte del cabello sobre mi rostro, así que nadie podía notar que de vez en vez abría los ojos y veía como mi pezón se asomaba de a poco con el movimiento del tren.

Después de 2 ó 3 estaciones más, mi seno izquierdo estaba casi completamente desnudo a la vista de todos los pasajeros del vagón; el chico, por supuesto, no se movió durante todo el trayecto de su lugar.

Durante el viaje, yo sólo pensaba en la cantidad de personas que estaban admirando mi parcial desnudez. No sólo era el chico que estaba frente a mí, era cualquier pasajero que caminara por el pasillo y todas las personas que notaron mi presencia cuando subí al vagón.

Cuando llegué a mi destino, levanté la mirada y todos los hombres a mi alrededor tenían clavados sus ojos en mi teta expuesta; ninguno de ellos se acercó a advertirme de mi descuidado espectáculo, era obvio que les agradó.

Yo, fingiendo estar adormilada, cubrí nuevamente mis senos y anudé los cordones de mi sweater. Tomé los libros, me levanté del asiento para abandonar el vagón y me despedí del atento joven que tenía la cara roja como un tomate. Cuando abandoné el tren, tenía un agradable sentimiento entre excitación y diversión por el momento que acababa de regalar a aquellos pasajeros y en especial a aquel muchacho tan caballeroso.

Me despido por hoy y espero que la próxima vez que viaje en tren, sean tan amables de cederme tu asiento.

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