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Paseo excitante por el Parque del Oeste


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La historia que voy a contaros es completamente real surgió de la forma más espontánea posible sin preverlo ninguno de los dos. Hace un par de veranos, estábamos Sara y yo dando un paseo por el parque del Oeste y nos tumbamos en el césped para tomarnos una cerveza.

Estaba empezando a atardecer pero había bastante luz, era una típica tarde calurosa de Madrid que el frescor de la hierba ayudaba a mitigar. Estábamos tonteando dándonos unos besos y sin darnos cuenta nos empezamos a calentar poco a poco. De repente miro a nuestro alrededor y como a unos treinta metros detrás de unos arbustos había 3 tíos de 40-50 años mirándonos.

Yo había oído algunos comentarios de que en ese parque era muy habitual la presencia de voyeurs pero no imaginaba hasta que punto. Que nos estuvieran observando hizo que me calentase aún más, le dije a mi novia que nos estaban viendo para excitarla, pero que mirase disimuladamente a nuestros mirones para no espantarlos, la sonrisa de zorra excitada que puso fue estupenda.

Sara llevaba ese día una camiseta de tirantes finos y un pantalón de lino de los que se atan a la cintura. Aprovechando que no había nadie más cerca de nosotros, le quité el sujetador, para poder disfrutar mejor de sus pechos, y empecé a tocarle las tetas primero y luego bajándole la camiseta le comía los pezones, y de paso, los dejaba a la vista de nuestros observadores (uno de ellos, y no es ninguna exageración, tenía unos prismáticos, vamos que eran unos auténticos profesionales del fisgoneo).

- Eso tíos se están viendo bien las tetas. - Déjalos que disfruten, además cuando vamos a la playa todo el mundo me las ve y no pasa nada. - Con lo buena que estás seguro que se les está cayendo la baba, menuda paja se van a hacer a tu salud.

Sara se estaba calentando un montón, me sacó la polla y comenzó a meneármela, con esa forma tan maravillosa que tiene de hacer pajas. Yo le desaté el pantalón y empecé a acariciarle el culo, como era ancho me permitía bajárselo con comodidad y así dejar a la vista una buena parte de su tanga de hilo, hasta media nalga más o menos de su precioso culazo.

- Joder que bien me la meneas cariño, seguro que no te importaría acariciarles a ellos también. - A lo mejor no quieren, decía riéndose. - Estarían encantados de que una zorra como tu les hiciese una paja como la que me estás haciendo. - Creo que se tendrán que conformar con lo que ven, de todas formas les estamos dando un buen espectáculo.

Sin subirle el pantalón pasé a su coñito que estaba completamente empapado, le metí un par de dedos sin ningún problema y noté como se le iba agitando la respiración. Afortunadamente a nuestro alrededor no había nadie más que nuestros amigos y por tanto podíamos continuar con nuestro juego sin problemas. A pesar de nuestras miradas cautelosas, creo que los tíos se percataron de que los habíamos visto, pero que no nos importaba que nos viesen, más bien nos gustaba, y se acercaron a otros arbustos que estarían como a quince metros de nosotros y desde donde podrían disfrutar de mejores vistas.

Le bajé un poco el pantalón por delante para que pudiesen verla y acariciarla mejor, y por supuesto, seguía con las tetas por fuera de la camiseta. Sin embargo, el tanga era un pequeño estorbo para las miradas de nuestros amigos y aprovechando que era de hilo, se lo arranqué.

- Cabronazo me has dejado con el chochito al aire, ¿no te importa que me lo vean esos guarros? - Ya sabes que no, me encanta que te vean otros tíos, y creo que eres una puta que está disfrutando un montón. Tienes un coño precioso, con esa pequeña línea de pelo que te dejas pareces una zorra. - Tienes razón, estoy segura que les gusta lo que ven.

Fue una pena que ese día Sara no llevase falda, pero con el pantalón bajado unos 25 cm nuestros tres voyeurs no se podían quejar de lo que estaban viendo. Sara me seguía acariciando la polla y la tenía a punto de estallar, la tenía dura como una piedra y el capullo estaba rojo de lo excitado que estaba. Me hubiese encantado que me la chupase en medio del parque, pero así no hubiese podido acariciarla y privaba de que fuese vista. Además, la paja que me estaba haciendo era deliciosa, desde luego no podía quejarme de tener una novia tan guarra.

- Sara cabrona… no pares que estoy a punto de correrme, sácame toda la leche que llevo dentro.

- Quiero que esos tíos vean como te la meneo, como hago que te mueras de placer, para que se mueran de ganas de estar en tu lugar. - Sigueeee… siiiiiiii … joder que gusto, que bien lo haces eres una puta palillera maravillosa.

Solté unos borbotones enormes de semen que regaron el césped. Ahora me centré en la caricias en el coño de mi novia, se notaba que tenía ganas de terminar, le había puesto muy caliente con mi corrida, se excita mucho cuando ve salir el semen de mi polla, se pone a cien.

- Vamos cariño, quiero correrme yo también, me decía la oído. - ¿Quieres que te vean esos cabrones que nos están mirando como te corres en mitad de un parque? - Por supuesto, así se llevan el espectáculo completo.

Su respiración se agitó muchísimo, se le arqueó la espalda y con unos gemidos contenidos alcanzó un orgasmo fantástico, del que necesitó un par de minutos para recuperarse.

Después de descansar un poco, recompusimos nuestra ropa, recogimos y nos fuimos. Según íbamos camino del metro vimos a los tres tíos sentados en un banco, parecía que estaban esperando a que pasásemos para echarnos un último vistazo. Nos miraron, fundamentalmente a Sara todo hay que decirlo, con una sonrisa dibujada en su cara, además mi novia no se había vuelto a poner el sujetador y se le movían las tetas al andar.

Creía que ella se cortaría, pero por su sonrisa picarona no parecía que estuviera pasando un mal trago. Nada más pasar delante de ellos, a unos 5 metros había una papelera, Sara se detuvo y sacó del bolso, con toda la parsimonia posible, exhibiéndolo el tanga que le había arrancado y lo dejó allí.

- Así tienen un recuerdo de nosotros me dijo muerta de risa.

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