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Ya he cumplido los cuarenta, y hace un tiempo tuve mi primera experiencia con más de un tío a la vez, fue con el hijo de mis vecinos y sus amigotes y la publiqué en está misma página “No tenia bastante” se llama el relato.

Después de aquel calentón ha pasado bastante tiempo, y para mi desgracia la verdad es que no se me presentó ninguna otra ocasión. También es verdad que continuo excitadísima, no trabajo, mi marido se va temprano y no vuelve hasta la noche, y en todo el día no hago otra cosa que cuidarme y pensar en el sexo. Voy al gimnasio y me imagino a los tíos que veo por allí con la polla tiesa. Cuando llego a casa no puedo evitar tocarme imaginando a los chavales que pasean su paquete por las máquinas de gimnasia, me imagino chupando una de aquellas pollas mientras me meten otra bien grande por el coño.

Mi marido llega cansado del trabajo y pocas veces, cada vez menos, me hecha un buen polvo.

Así las cosas, la única gamberrada que hice en mucho tiempo fue meterle mano a un compañero de trabajo de mi marido. Era una cena organizada por la empresa de mi marido, nos pusieron en una mesa con otras parejas y a mi me tocó sentarme al lado de un hombre algo más joven. Estas cenas por lo general son bastante aburridas, conversaciones intranscendentes, discursos aburridos, etc., pero cuando ya había corrido bastante el vino, noté que mi vecino de mesa me rozaba la pierna más de la cuenta.

Al principio no le hice demasiado caso, pero al cabo de un rato, entre el vino y mi calentura, se me cruzaron los cables, le puse la mano encima de la rodilla que me rozaba y le miré directamente a los ojos.

El tipo se quedó aturdido por un momento, yo aproveché para subir mi mano hasta su paquete, darle un buen magreo y dedicarle mi mejor sonrisa. La verdad es que noté una buena polla pero flácida. Para eso ya tengo la de mi marido, pensé y retiré mi mano. Pero el tío, que debía ser lanzado, puso la suya sobre mi rodilla y empezó a subir, aquello se empezaba a poner peligroso.

Llevaba una falda ancha y el tío aprovechó para manejarse por la zona más caliente y húmeda de mis muslos. Me fui al lavabo para quitarme el salvaeslip y dejar el camino libre, pero lo cierto es que iba tan caliente que me quité las bragas las puse en el bolso y volví a la mesa.

Cuando me senté, lo primero que hice fue volver a palpar su paquete. Ahora sí que note una buena polla dura, comprimida por los pantalones de su traje. Más dura se le iba a poner cuando empezó a subir su mano por mi entrepierna y noto que no llevaba bragas y que mi coño estaba más que húmedo. Empezó un lento masaje y yo no sabía que cara poner. La verdad es que lo hacía bastante bien y la situación me ponía a cien. Llegué a abrir la bragueta y a pajearle, pero la cena se estaba acabando, y no llegó a más. Podría inventarme algo para terminar la historia, pero la cruda realidad es que acabó así.

El tío me dio una tarjeta, pero jamás le llamé. No quería problemas, y menos con el trabajo de mi marido, que es nuestra fuente de ingresos. Me quité la calentura como pude con un polvo marital y el dedo.

Esta fue mi única gamberrada en mucho tiempo. Desde la historia con mi vecino, que ya conté aquí (No tenía bastante), prácticamente lo único que había hecho era follar con mi marido y masturbarme mucho. Hace unos meses, mi marido se marchó de viaje por un par de días, y yo aproveché para llamar a unas amigas de juventud para ir a cenar.

La cena transcurrió dentro de la normalidad, sólo que yo, como estaba sola en casa y conducía una de las amigas, bebí a mi antojo, habían elegido un buen vino y yo estaba más que contenta. Bueno, pensaba, me llevaran a casa, me fumaré un buen canuto, me hará un dedo y me iré a dormir.

Pero las cosas no fueron precisamente como las había planeado, en el restaurante ya estaban un poco mosqueados porque querían cerrar, y nosotras decidimos ir a tomar una última copa a un bar musical cercano, en el que se podía bailar. Estaba muy lleno, en la pista de baile no cabía ni un alfiler. Entramos como pudimos y nos pusimos a bailar, yo me tomé un gintonic, y entre esto y el vino de la cena estaba bien contenta. Algún tío separado vio en mi presa fácil y intentó enrollarse, pero yo iba a mi rollo, hasta que, casualidades de la vida, me tropecé con el hijo de mis vecinos, que ahora se había independizado. Me dijo que compartía piso con unos amigos en el casco antiguo, que lo habían rehabilitado ellos y que estaban muy cómodos en el.

Mis amigas querían marcharse, de hecho no se podía hablar allí, que era lo que a ellas más les gustaba. Les dije que había encontrado al hijo de mis vecinos que iba para casa (mentira) y que así no tenían que acompañarme, les pareció bien, ya que vivo un poco lejos y se fueron.

Cuando el vecino adivinó la maniobra se puso colorado. Yo me acerqué, un poco borracha ya y le dije al oído que aún recordaba lo que me habían hecho él y sus amigos unos años atrás, en casa de sus padres (mi anterior historia). Se puso aún más rojo, y yo me lo estaba pasando cada vez mejor. Me venían a la mente escenas de sexo, como los pillé viendo una película porno y me los follé a todos. Cada vez más borracha y más cachonda.

Finalmente, decidí salir y pedir un taxi, el vecinito se dio cuenta y me dijo, amablemente, que ya me acompañaría él. Me dijo también que iba con tres amigos y que haría una ruta para dejarnos a todos en nuestras casas. Parecían todos muy formales, me temía que terminaría como había planeado, en casa sola con mi dedo y mi canuto. Me senté en la parte trasera con dos de los amigos, me quedé al lado de la ventanilla, pero la verdad es que tengo un culo bastante importante y no estaba nada cómoda.

Muy amable el compañero de asiento, me dijo que me sentara en medio, acepté, pasé por encima de su regazo y quedé en medio de los dos chavales, con las piernas un poco abiertas por el escalón que hacen todos los coches en medio. La verdad es que llevaba un buen calentón. No sé como me lo hago, pensaba, salgo a cenar con las amigas de toda la vida y acabo en un coche con cinco chicos veinte años más jóvenes que yo.

No pude más y con la excusa de decirle algo al oído puse mi mano en el muslo del de mi derecha. Noté un muslo firme, nada que ver con el de mi marido, no podía más, el coño ya se me hacía agua. Estoy un poco borracha, le dije dándole un mordisco en la oreja, el tío que también debía ir lanzado aprovechó para darme un buen morreo, con lengua y todo.

Empezamos a darnos el lote, y vi a los otros más bien nerviosos por la situación, disimuladamente mientras me morreaba con el de mi derecha, puse mi mano en el paquete del de la izquierda, sin que el primero se diera cuenta. Tenía la polla bien dura, es lo que tienen los jóvenes, pensé. El tío, un poco cortado se abrió la cremallera y se la sacó, así que pude darle un buen masaje, ya sin disimulo.

Mi antiguo vecino y conductor del vehículo y su acompañante ya se habían dado cuenta del follón que estábamos montando detrás y hablaban entre ellos nerviosos, se ve que no sabían que hacer. Es lo que tiene también la juventud. Al final salieron de la ciudad hacia una zona de bosque, pararon el vehículo y empezaron a liar un porro, mira que bien, pensé yo.

Entre tanto, no podía aguantar más y ya había empezado a chupar una de las pollas, el otro había aprovechado para apartarme las bragas y meterme mano descaradamente. Ya las tenía en las rodillas. Así volví a recuperar la posición, en medio de los dos tipos, para poder agarrar una polla con cada mano, y les dije a los de la parte delantera del coche que me dieran una calada. Como no tenía manos, o las tenia muy ocupadas, me pusieron el canuto en la boca y di una fuerte calada.

Animada que estaba, solo me faltaba eso para deshinibirme del todo. El copiloto me arremangó la camisa y el sostén y empezó a chuparme los pezones, ahora sí que estaba a cien. Tenía una polla veinteañera en cada mano, un tío chupándome las tetas y el conductor rojo como un tomate haciéndose una paja. No lo podía consentir, pero estábamos demasiado estrechos en el coche para poder cogerle el cipote. Le dije que arrancara el coche y nos enseñara su casa. Obedeció mis órdenes y arrancó. Vaya viaje, entre el canuto, las copas y lo salidos que estábamos todos, no sé como pudimos llegar. Aparcó el coche cerca y subimos a su apartamento. Nada más entrar había un sofá y un televisor, los tíos se apresuraron para sentarse en el sofá, pensando que yo me pondría en medio, pero me senté en una silla, les voy a calentar de verdad, pensé.

Dos de ellos fueron a preparar bebidas y los otros dos quedaron en el sofá. Coloqué la silla enfrente de ellos, me levanté la falda y les mostré todo el coño mientras me lo tocaba sin ningún pudor, soy una experta en eso, aún no entiendo como puedo ser tan guarra. Los tíos se sacaron sus pollas y empezaron a hacerse una paja, entre tanto llegaron los de los cubatas, que también se sacaron sus cimbeles y me los acercaron a la boca.

Me los puse los dos a la vez mientras les cogía los huevos, las pollas jóvenes son magnificas. Uno de los que estaba en el sofá, más listo, cuando vio que dejaba de tocarme el chocho para coger los rabos, se acercó de rodillas y empezó a comerme, a pasarme la lengua por el clítoris, me la metía tanto como podía, como si quisiera follarme con la lengua.

Yo empecé a correrme, uno de los que se la estaba mamando también, el otro, por simpatía no tardó mucho. Me dejaron perdida, tenía leche en la cara, en el pelo, en la ropa, es otra de las características de las pollas jóvenes, sacan leche por un tubo. El más entero es el que quedaba en el sofá y a él fui. Me senté encima de él, las piernas a cada lado, bien abiertas, me metí su pollón en la raja, era el que la tenía más gorda de todos, lo cabalgaba con fuerza mientras el tío metía la cabeza entre mis tetas y me las magreaba y el dedo en mi orificio más estrecho.

El que me había estado chupando el coño con tanta maestría, debió pensar que aquella era su oportunidad, se había untado la polla con no se que, y cuando vio mi culo más en pompa empezó a abrirse camino. Me hacía algo de daño, si, pero estaba borracha, colocada y, sobre todo, muy cachonda. Le dejé hacer y ya me estaba corriendo otra vez. Me la clavó toda en el culo, hasta lo más profundo. Notar dos pollas jóvenes perforarte el coño y el culo a la vez es una experiencia única, que toda mujer debe experimentar alguna vez. Sobre todo notar como se corren y corre el líquido caliente por todos los orificios. Quedé exhausta en el sofá. Suerte que aquella noche mi marido no estaba.

Por cierto, cuando publiqué el otro relato me escribieron muchos tíos, alguno de ellos confesando que se habían pajeado después de leerlo, pero ninguna tía. Parece que soy la única guarra de la red.

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