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<<- Indice relatos Una cena muy lésbica

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Aquella tarde, había invitado a cenar a Laura y su hija Martha, mi hija Elisa nos acompañaría, habíamos estado esperando hacía bastante tiempo, hasta que por fin llegaron. Después de haber estado conversando durante varios minutos, noté que me había descuidado y que mi vagina se veía entre mis piernas. No llevaba ropa interior puesta, por lo cual, mis partes estaban al aire libre.

Creo que Martha, la hija de mi amiga Laura lo notó, pues no me quitaba la mirada de encima y vi como poco a poco, sus pezones se levantaban. Martha pidió permiso para ir al baño y yo la seguí con el pretexto de que iba por más azúcar. Esperé a que ella se metiera al baño y entonces, deliberadamente abrí la puerta y la descubrí apretando sus pequeños pechos, con los ojos cerrados y con sus braguitas todas mojadas, se veía hermosa parada ahí, excitada gracias a mí.

Tenía los ojos cerrados por completo, parecía no estar presente en aquel momento y no me pude contener para aprovechar la situación. Comencé entonces a masajear sus pechos con mis manos, se sentían hermosos, suavecitos, muy antojosos. Ella abrió los ojos y me dijo:

Perdón, no sabía que eras tú, perdón en serio, discúlpame, es que el verte me excita. No importa, me encanta hacerte estas caricias- le respondí. Mira, es más, si lo que quieres es mi vagina, tómala- le dije mientras abría mis piernas y me sentaba sobre el lavamanos.

Martha se acercó poco a poco y comenzó a tocarme, lentamente, rozó cada centímetro de mis labios vaginales, pero de pronto se levantó y se arrepintió de todo.

Audrey, la verdad me excitas mucho, pero no puedo, no quiero- me dijo dulcemente.

No importa, yo soy tuya mi amor, tómame con toda confianza- le dije.

Entonces puse sus manos sobre mis pechos y comencé a pasarlas por todo mi cuerpo, mis hermosos pezones ya se habían parado y mis enormes pechos se habían puesto rígidos, mientras mi vagina ya se humedecía.

¿Te gustan mis pechos? ¿Se parecen a los de tu mamá? Como esos que chupabas de chiquita, ándale, lámelos.- le dije.

Y entonces, me levanté la blusa, Martha se sorprendió al ver esos enormes melones saliendo de ahí con un pezón bien parado y gordo. Tomé su cabeza y la puse enfrente de mis pechos, como buena niña chiquita comenzó a mamármelos deliciosamente, los succionaba con toda su fuerza y poco a poco me fui acercado más y más al orgasmo. La chica me lamió todos mis pechos, los dejó todos mojaditos.

Ven, vamos a mi cuarto- le dije, mientras la tomaba de la mano y me medio vestía.

Mientras tanto, Laura y mi hija Elisa, seguían esperándonos en la sala. Martha y yo comenzamos a desvestirnos por completo, desvestí a Martha rápidamente, no podía esperar más para lamer aquella pequeña y tierna vaginita. La senté sobre mi tocador y me arrodillé, metí mi lengua dentro de ella y comencé a chuparle sus labios, la llené de saliva, mientras ella me jalaba los cabellos para evitar deshacerse por el placer, pero no pudo sostenerse mucho y dejó salir un grito que inmediatamente oyeron mi amiga y mi hija.

En menos de 1 minuto, oí como tocaron a mi puerta, pero no me importó, yo quería acabar con todos los juguitos que esa vagina pudiera darme. Mi hija, desafortunadamente, tenía su propio juego de llaves de todas las habitaciones y entonces, abrió la mía. No sé todavía cual haya sido la impresión de Laura y mi hija al verme mamándole el sexo a Marta, pero no creo que les haya disgustado mucho que digamos. Yo estaba hincada, en el piso, chupándole la vagina, mientras ella gemía mi nombre, incitándome a darle más placer, a cogerla más duro y yo sobaba mis pechos mientras le hacía sexo oral.

Al ver a las dos nuevas invitadas entrar, tomé a Martha y la llevé a mi cama, puse mi boca bajo su vagina y seguí lamiendo sin dudarlo. Mientras tanto, mi hija se acercó a mi vagina y comenzó a meterme los dedos en mi rajita, introdujo uno a uno, hasta que tuvo los cinco metidos y comenzó a meterlos y a sacarlos, rozando mi vagina, haciendo que mordiera a Martha en la vagina debido al intenso placer que estaba sintiendo en ese momento.

Laura se acercó a la orgía y se puso detrás de mi hija, comenzó a mover sus caderas como si la estuviera penetrando, le agarró los pechos, los sobó y los jaló, era una imagen hermosa, ver a mi mejor amiga coger con mi hija, mientras yo le lamía la vagina a la suya. Así continuamos unos minutos más hasta que nuestras respectivas hijas nos dejaron solas y se sentaron en un sofá. Se acariciaron, se rozaron la vagina, sobaron sus pechos, los pusieron los unos contra los otros y se besaron muy tiernamente, intercambiando saliva y estrechando sus lenguas.

Mi hija le comenzó a meter un dedo por el ano a su amiga, mientras ella emitía sonidos muy eróticos, que resonaron por toda la casa. Elisa le agarró las tetas para apoyarse mientras le mamaba la vagina como yo le había enseñado hacía unos minutos. Las dos estaban al punto de estallar en placer, no pudieron contener más sus orgasmos y se corrieron sobre el sillón, quedando rendidas, mirando a sus madres, haciendo el amor.

Laura y yo nos habíamos acomodado en un agradable 69, yo había abierto por completo los labios de mi amiga y le había introducido toda mi lengua dentro de su sexo, sentía como mi lengua hacía contacto con sus paredes y ella también me provocaba un placer indescriptible. Nuestros pezones se habían convertido en piedritas, estaban duros, las dos nos lamimos y nos chupamos con gran placer. Nuestras hijas nos observaron corrernos en la boca de cada una, y después, se acostaron completamente desnudas con nosotras, sus tutoras en sexo, y las cuatro nos quedamos dormidas desnudas, bañadas de nuestros jugos.

Espero que les haya gustado.

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